Protesta en el acceso del recinto del hospital Psiquiátrico | Pere Bota

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«En enero nos dijeron que estaríamos quince días sin poder aparcar porque asfaltaban y ahora nos han dicho que hasta el 31 de octubre». Margalida Camps es enfermera del servei de Prevenció de Riscos Laborals del Govern. Este miércoles ha parado a las 11,15 a las puertas del hospital Psiquiátrico para protestar, junto a decenas de compañeros, por cómo les están afectando las obras. «Lo que más nos chirría es que al principio, cuando esto parecía un campo de guerra, con tierra por todo y sin iluminación, nos dejaban entrar, y ahora que está todo asfaltado y señalizado no podemos», añade.

Desde el IB-Salut explican que esto sucede porque fue en enero cuando se iniciaron las obras en esta zona del recinto y, desde encontes, hasta que se recepcionen, la zona es responsabilidad de la empresa constructora.

Ciertamente son los responsables de la obra quienes pagan a un vigilante en el acceso al recinto. De esta manera, por las mañanas no hay acceso pero los trabajadores de la tarde y noche, sí.

«El arquitecto le dijo el lunes a un compañero que por él podíamos entrar, que es cosa del IB-Salut, y a ellos les hemos enviado dos cartas con 150 firmas de trabajadores, y no nos han contestado», denuncia Carmen Muñoz, otra de las manifestantes.

A su lado, Cati Giménez, lamenta el tiempo que tardan en encontrar sitio y luego desplazarse. «Invadimos a los vecinos», critica. Salut les emplazó en su día a aparcar en el PalmaArena pero las plazas han resultado del todo insuficientes, y también les dieron bonos para el aparcamiento del Parc de sa Riera que, aunque sean de pago, tampoco son suficientes.

Protestan porque a diario tienen que ver cómo están rodeados de plazas señalizadas pero sin usar. «Antes entrábamos con pasarelas de madera y sin iluminación y ahora llevamos casi 8 meses con todo esto asfaltado y sin acceso, da igual si estamos a 5 o 40 grados, no tienen ni solidaridad ni empatía ninguna», lamenta Virginia Gómez. Entre carteles, Isabel Crespo explica que ella trabaja en la cocina, «al final del todo», y «tengo que subir toda la cuesta para coger el autobús».