En las aulas del IES Son Cladera es común ver a alumnos sentados en círculo para cambiar la dinámica de clase.

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La nueva ley educativa estatal, la Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE), ha sido ampliamente criticada por las prisas en su aplicación, la falta de recursos para reducir el número de alumnos por aula y, sobre todo, por el cambio del método de evaluación, que por primera vez prescinde de notas numéricas. En el sector público de Mallorca, los colegios han acogido con mayor agrado los cambios normativos porque la mayoría ya llevaban años aplicándolos, mientras que los institutos han sido los más críticos porque les obliga a transformar completamente su método de enseñanza en poco tiempo. Este rechazo se ha intensificado en los centros de Secundaria con menos alumnos vulnerables, donde a excepción de la pandemia, llevan impartiendo la misma metodología tradicional, a diferencia de los institutos que han tenido que adaptarse a nuevas realidades sociales más complejas. Así lo ha podido comprobar este diario tras visitar casi un decena de centros a lo largo del curso; además, los responsables educativos consultados en este reportaje coinciden en este aspecto.

«En los institutos donde se ha podido dar clase de la misma manera durante los últimos 30 años, quieras o no existe un conservadurismo metodológico, porque no han tenido problemas y más o menos los resultados han sido buenos. Es normal que el profesorado sea más reacio», considera el director del IES Josep Maria Llompart, Jaume Salvà. El centro que dirige está en un punto medio porque en 1º y 2º de ESO tienen mucha diversidad de alumnos, a diferencia del resto de cursos y Bachillerato. Esta situación les obliga a innovar: «Es evidente que nos alejamos de la realidad por inmovilismo. Se ha introducido la tecnología en las aulas, que puede ser más o menos adecuada, pero la metodología y, especialmente, solo evaluar la memoria, requiere una reflexión. La LOMLOE ha dificultado este debate porque los docentes se han quemado por las prisas y la falta de formación. Lo más progresista ahora es no querer escuchar hablar de cambios». Salvà lamenta que la ley haya sido «de bajo coste», porque no se han invertido recursos para rebajar el número de alumnos por clase de 30 a 20 para digerir mejor la reforma. A eso se suma que los nuevos criterios de evaluación estén redactados de forma «críptica» y que prescindir de notas numéricas ha supuesto un «cambio radical».

La presidenta de la Associació de Directors i Directores de Mallorca y directora del CEIP Ses Rotes Velles, Joana Maria Mas, lo tiene claro: «Estamos en el siglo XXI, no podemos seguir enseñando igual que en el XX, cuando a los que les iba mal se les marginaba». A los que acusan a la LOMLOE de disminuir el nivel de exigencia, les responde tajante: «Lo que da nivel es cómo enseñas y lo competentes que son los alumnos; si entendemos que el nivel es memorizar temas para vomitarlos y luego, en la mayoría de casos, olvidarlos, eso no es nivel». Mas cree que «enseñar con el sistema tradicional provoca que el alumnado vulnerable salga más perjudicado», y esto es algo que los centros de barrios más empobrecidos «lo saben de primera mano».

Marina Vallcaneras, directora del CEIPIESO Pintor Joan Miró, ve bien marcar objetivos básicos a cumplir y tener con una mirada inclusiva para que aspiren a llegar a su máximo potencial. El IES Son Cladera, dirigido por Manu Blanco, es uno de los institutos que más ha innovado para adaptarse a la diversidad. Cree que el cambio de evaluación se podría haber hecho de otra manera, pero ve bien el trasfondo de la reforma que «se debe mejorar». El futuro de la ley se decidirá tras las elecciones del 23 de julio porque en caso de ganar el PP y Vox, ya han anunciado que la quitarán.