La Obra Cultural Balear rindió ayer un sentido homenaje a Joan Veny por su trayectoria y contribución al estudio del catalán. Decenas de personas acudieron al acto. En la foto y en primera línea, Veny, Macià Garcies y Joan Miralles, presidente de la entidad. | Jaume Morey

«En Campos no había oído nunca hablar en castellano, pero ahora, en verano, cuando paso algunas semanas, lo escucho», asegura el lingüista campaner Joan Veny i Clar, que en agosto cumplió noventa años. El dialectólogo, una etiqueta que le gusta porque define bien su dedicación al estudio de la diversidad del catalán, vive en Barcelona desde hace años, pero nunca se ha desvinculado de Mallorca. De hecho, ayer asistió al homenaje que le rindió la Obra Cultural Balear en Palma por su dedicación.

Su larga trayectoria vital permite certificar la lamentable decadencia del catalán. «Cuando hicimos el Atles Lingüístic del Domini Català ofrecimos una fotografía de la lengua entre 1964 y 1974; entonces estaba en una situación buena pese a estar en pleno franquismo», recordó, y añadió que el catalán se había mantenido en todos los territorios pese a los intentos para que desapareciera a través de una educación en castellano. «El 95 % de los hablantes reflejaban una fidelidad a la lengua», apuntó. Casi sesenta años después, la cosa ha cambiado mucho: «Los más mayores mantienen el catalán genuino, pero los jóvenes no tanto».

«Cuando hablo con mis hijos lo hago en mallorquín, incluso suelto algún castellanismo porque es un aspecto de la lengua», explicó Veny, que ve perfectamente compatible el uso coloquial y el estándar. «A partir de Pompeu Fabra se hizo una lengua composicional, participativa, que ciertamente tiene una base del catalán de Barcelona y centro, pero tiene en cuenta las variedades dialectales», comentó, e insistió en la importancia de «proteger» y «defender» palabras tan propias como de Mallorca como tereseta o putxinel·li, que significan, en ambos casos, títere. A quienes siguen creyendo que en Balears no se habla catalán, les recomienda conocer mejor la historia y entender que toda lengua tiene variedades.

Veny también alerta de que el uso del catalán acabe reducido a la Administración. «La latinización es un peligro», dijo, en el sentido de que pueda pasarle como al latín, que se convirtió en una lengua muerta socialmente. Lamenta que en la práctica el Gobierno central no proteja la riqueza lingüística, pero tampoco cree que un Estado catalán potencie el uso de esta lengua. Aun así, valora positivamente la gran producción literaria actual.