Javier Solana Madariaga, en Palma durante la entrevista. | M. À. Cañellas

Además de actual presidente del patronato del Museo del Prado –y del Centro de Economía Global y Geopolítica de ESADE–, Javier Solana (Madrid, 1942), que este lunes dio una conferencia invitado por el Cercle d’Economia, lo ha sido casi todo: varias veces ministro (empezó en Cultura, en 1982), secretario general del Consejo de Europa y Alto representante de la UE para Exteriores –embrión del cargo que ocupa Borrell– y secretario general de la OTAN.

¿Por qué no dio el paso para presidir el Gobierno?

—Nunca tuve oportunidad de dar ese paso. Es cierto que he sido el ministro que más estuvo en el Gobierno, entré con el presidente y me fui con el presidente. Y después a Bruselas; estuve en la OTAN y al frente de la diplomacia de la UE. No me planteé ser presidente del Gobierno; no puedo decir lo mismo de otros.

De ‘OTAN no’ a dirigirla. ¿Y su próxima meta?

—¿Mi próxima meta? Hemos celebrado el 40 aniversario de las primeras elecciones que ganó el PSOE. Fui ministro con 40 años. Así que ya puede imaginar que no aspiro más que a seguir haciendo bien lo que hago y lo que me encarguen, como ahora en el Prado. Estoy en ESADE y participo en un proyecto científico de La Caixa. Lo más importante que he sido es científico.

No aspira a nada pero tampoco debía aspirar a dirigir la OTAN.

—Desde luego, nunca lo imaginé. Me llamó el presidente Clinton y me lo ofreció. Algo debió haber visto en mí cuando estuve en el Consejo de Seguridad. Me dijo que me necesitaba y yo le respondí que supongo que conocía mi biografía, mi trayectoria y que sabía de la oposición de mi partido a la OTAN. ¿Y sabe qué me respondió? Pues que sabía perfectamente todo sobre mí porque tenía delante mi ficha de la CIA. Así me desarmó, claro. No pude negarme.

España es diferente a la de hace 40 años y el mundo también. ¿Peligra hoy más la democracia?

—No, no, la democracia es mejor. Entonces estaba reducida a un grupo menor de países, había dos bloques y estábamos en la Guerra Fría. Luego vino la descolonización y nuevos países eligieron la democracia. Cierto es que los países más grandes del mundo, China y la India, no forman parte de esos valores, como nosotros los entendemos. Pero eso no quiere decir que debamos entrar en confrontación. De hecho, tenemos que resolver problemas globales. Este mundo no tiene hoy problemas nacionales sino globales. La única manera de resolverlos es relacionarnos.

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El inicio de la intervención de Javier Solana después de que glosara su trayectoria el presidente del Cercle d’Economia, Josep Vicens.

Medio Estados Unidos cuestionará el resultado electoral y Rusia exhibe la guerra nuclear.

—Vamos a esperar a ver qué pasa en las elecciones [del hoy martes], el resultado marcará muchas cosas. Habrá qué ver su reacción ante la guerra. Sabemos qué piensan China y Rusia y habrá qué ver si cambia la política de los Estados Unidos. El problemas más grande que veo es cómo será la relación entre Estados Unidos y China. No imagino un conflicto nuclear.

Se muestra optimista.

—Soy optimista. Hay que actuar siempre con optimismo, pero también con seriedad y respeto al otro. Hay que ser optimista sin que eso quiera decir naif.

¿Fue idea suya la foto final de la cumbre de la OTAN en el Prado?

—No sé de quién fue idea. No tiene madre ni padre. Salió.

Viendo a los líderes entre cuadros, ¿cree usted que es momento para la poesía, la cultura y el optimismo?

—Claro que sí. Mire usted las cosas bonitas que están pasando: hay más esperanza de vida, hay mucha más gente que come, hay más infraestructuras que lo facilitan con la globalización. Cierto que hay una gran inflación que puede generar problemas en la alimentación, pero las infraestructuras están.

¿Y la OTAN aún tiene sentido? ¿Es un instrumento de defensa o de ataque?

—Siempre ha sido una organización de defensa. Nunca ha atacado a nadie. Ha hecho misiones en algunos países pero con llamadas a la paz.

Se ha puesto de moda protestar en los museos. También ante las Majas de Goya en el Prado.

—Me parece muy mal. No tiene ningún sentido destrozar la belleza para conseguir cualquier otro objetivo. Estábamos preparados, sabíamos que podía pasar.