Baleares cuenta con 650 km2 de posidonia, la mitad del total de posidonia de las aguas españolas. | Manu San Félix

Las aguas cristalinas de la costa de Mallorca guardan un tesoro: la posidonia. Una planta, y no un alga como piensan muchos bañistas, que aclara el agua, libera oxígeno y atrapa más CO2 que un bosque tropical. Una hectárea de esta especie endémica del Mediterráneo es capaz de generar el mismo oxígeno que cinco hectáreas del bosque de Bellver, el más frondoso de Palma. Una planta que, a pesar de tener un valor incalculable, durante las últimas décadas sufre las consecuencias de la presión humana y la masificación. «En Baleares se sigue perdiendo posidonia, lo que se pierde en un año tarda treinta en recuperarse. Nos estamos cargando un tesoro de un ‘anclazo’, con un vertido o la subida de la temperatura del agua a consecuencia del cambio climático. Cada metro cuadrado que se pierda vamos a tardar treinta veces más en recuperarlo, es como si estuviésemos tirando centenares de años a la basura», advierte Aniol Esteban, director de la Fundación Marilles.

Baleares cuenta con 650 km2 de posidonia, la mitad del total de posidonia de las aguas españolas. Esta superficie absorbe el 7 % de las emisiones que emite el archipiélago. Las praderas en torno a Ibiza y hasta Formentera fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Los expertos apuntan a que en las últimas décadas se ha perdido casi un 30 % de ellas. Durante miles de años, las praderas de posidonia han estado prestando multitud de servicios a la sociedad. El Grupo de Ecología de Macrófitos Acuáticos (GAME) del Centro de Estudios Avanzados de Blanes y la Fundación Marilles confirman que la pradera de posidonia de Illetes, en Calvià, tiene 2.355 años y un crecimiento estimado de 0.5 mm/años; mientras que la edad de la de Portals Nous es mucho menor (128 años) y un crecimiento de 5 mm/año (diez veces más rápido). El motivo de esta diferencia está en que la muestra tomada en Portals Nous crece sobre una base rocosa, lo que le impide acumular sedimento durante tantos años. Sin embargo, es probable que haya estado presente allí desde hace miles de años. El volumen de carbono almacenado por cada hectárea de posidonia de un metro de grosor es de unas 1.600 toneladas de CO2 para ambas praderas. Una cantidad equivalente a lo que emiten 1.000 coches en un año.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que se han hecho tanto en el ámbito comunitario como en el nacional o regional, las praderías de posidonia se encuentran en un proceso de recesión alarmante. Un estudio financiado por Fundación Marilles en 2019 estima el valor de las praderas de posidonia de Baleares en 622 millones de euros. Este valor incluye protección costera (326,9 millones de euros), captación y almacenamiento de carbono (205 millones de euros) y calidad del agua (85 millones de euros); pero no incluye otros servicios relacionados con la producción pesquera y la conservación de biodiversidad. Teniendo en cuenta la extraordinaria lentitud con que las praderas de posidonia recuperan las superficies dañadas o destruidas, la pérdida de cualquier pedazo es para siempre.

MALLORCA. OCEANOGRAFIA. Apoyo científico a la posidonia.
Plantación de posidonia en la Badia de Pollença.

La práctica ilegal de fondeo es uno de los problemas para la supervivencia de esta planta amenazada sobre todo por la contaminación, los vertidos al mar y el aumento de la temperatura del agua. Verano tras verano, las costas se llenan de embarcaciones de recreo que fondean sobre aguas cristalinas, muchas veces sin ser conscientes del peligro que supone anclar sobre una pradera, una práctica ilegal. «Baleares es la región que más esfuerzos está haciendo para proteger la posidonia, contamos con una ley avanzada, existe un servicio de vigilancia y la población está muy concienciada. A pesar de ello seguimos perdiendo cada año praderas», asegura Esteban.

En Baleares el servicio de vigilancia de posidonia funciona en las costas de todo el archipiélago desde 2017, aunque la experiencia se inició en Formentera en 2013 tras unas fotografías del biólogo marino Manu San Félix que reflejaban las consecuencias que las enormes anclas de los yates tenían en las praderas de posidonia. Este verano el Servei de vigilància de la posidònia ha revisado, hasta la tercera semana de agosto, 64.133 embarcaciones, según datos facilitados por la Conselleria de Mediambient. De estas, han tenido que mover 8.773 por estar mal fondeadas. En comparación con los años anteriores, las cifras son peores a las de 2021 e idénticas a las de 2020. En lo que llevamos de verano los vigilantes han tenido que mover el 13 % de las embarcaciones comprobadas cuando el año pasado fueron un 7 %. Los puntos calientes en Mallorca son Palmanova, Portals Vells, Cala Blanca, Cala Fornells y la bahía de Pollença.

PALMA - Pradera de posidonia.
Pradera de posidonia.

«Baleares es la región que más esfuerzos está haciendo para proteger la posidonia, contamos con una ley avanzada, existe un servicio de vigilancia y la población está muy concienciada. A pesar de ello seguimos perdiendo posidonia, hay una infrafinanciación. Hay que pensar en el medio natural como si fuese un capital. Hay que invertir en él y ponerlo en valor», insiste Esteban. Este verano se ha reforzado todavía más la vigilancia y se cuenta con seis embarcaciones, una más que en 2021. Los barcos salen cada día y tienen puerto en Palma, Porto Colom, Colònia de Sant Jordi, Port d’Andratx, Port de Pollença y Colònia Sant Pere/Port d’Alcúdia.

«El mar y los ecosistemas marinos nos dan millones de beneficios pero nosotros les devolvemos una birria. Vamos en la dirección correcta pero necesitamos más, hace falta más financiación. No hay suficientes recursos para protegerlas, es necesaria más vigilancia y más acompañamiento a los ciudadanos. Es necesario tener campos de boyas más desarrollados en Baleares y revisar el sistema de alcantarillado de los municipios. La mayoría de personas quieren hacer las cosas bien», asegura Esteban. A escala europea, cabe destacar la inclusión de las praderas de posidonia como hábitat prioritario en la Directiva Hábitats (Directiva 92/43/CEE). El objetivo global de la Directiva Hábitats es contribuir a garantizar la biodiversidad mediante la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres en el territorio europeo.