Balaguer en la piscina acompañado con Nico Navarro y Dolores.

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Toni Balaguer era chófer de autocar cuando, hace cinco años, se tiró de cabeza a una piscina de poca profundidad, la piscina de un hotel de Magaluf donde estaba celebrando un cumpleaños. «Me tiré de cabeza, cuando alguien hace una burrada siempre hay otro que hace otra a ver si la supera», cuenta en la puerta de las piscinas municipales de Son Hugo, en Palma. Habla desde una silla de ruedas, ha llegado en un taxi adaptado acompañado de Dionisia, su cuidadora desde que, como consecuencia de «aquella burrada que me cambió la vida» se quedó tetrapléjico. «Me rompí la C3», dice en alusión a una de las cervicales. Tiene 56 años y es la primera vez que se meterá –concretamente, le meterán– en una piscina desde aquel otro día de julio de hace cinco años.

«Durante años estuve bloqueado, era oír la palabra piscina y venirme a la memoria todo aquello; estaba bloqueado pero me propuse superarlo», dice. No hace mucho, un día que en Son Hugo se celebraba una prueba en solidaridad con Ucrania, después de la invasión», entró a las piscinas, acompañado de voluntarios y socios de Aspaym Balears, la asociación de lesionados medulares y grandes discapacitados de las Islas. Llega en ese momento Nico Navarro, promotor de un    proyecto con el nombre de Som Un que fomenta la autonomía de las personas con discapacidad a través de el deporte. Y otros voluntarios de esa organización y un amigo de Balaguer, como él en silla de ruedas.

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Para Navarro es importante que se difundan retos como el que quiere concretar Toni. Y que se cuenten sus historias. Explica, refiriéndose a fuentes médicas recogidas en por el informativo    local de TVE, que cada año se pueden atender hasta una veintena de lesiones medulares y que, casi siempre tienen que ver con impudencias. «Una burrada cambió mi vida», apostilla Toni Balaguer, que nació en Granada pero hace más de cuarenta años que vive en Mallorca. Los últimos cinco, sin autonomía personal pero intentando buscar ocupaciones. «Estoy tetrapléjico de cintura para abajo, estuve 50 días en la UCI, pasé luego 10 meses en el instituto Guttmann [centro de rehabilitación en Barcelona], luego 14 meses en el San Juan de Dios, en Palma y allí contacté con Aspaym».

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Reto superado

Pasan cinco minutos de las once cuando Toni Balaguer, ayudado por socorristas, por Nico Navarro y por Dolores, otra voluntaria de Som Un, entra en el agua de una de las piscinas cubiertas. No son más de cinco minutos (lo que tarda en flotar de espaldas de un lado a otro los 25 metros ) pero el objetivo se ha cumplido. «Sí, lo necesitaba y lo esperaba, es increíble que no lo haya hecho antes». No ha podido nadar, no se puede nadar en su situación pero afirma que es a lo máximo que podía aspirar y que eso le ha servido para acabar con su bloqueo. Volverá en otra ocasión. «De eso no hay duda», añade.