Grupo escolar de las Franciscanas, patrocinado por Francesca Serra de Gaietà i Serra de Marina.

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Invisibilizadas y olvidadas, la mitad de la población balear ha pasado de puntillas por los libros de historia. Ahora, la historiadora Isabel Peñarrubia salda esta deuda pendiente con el libro Les dones en l’esdevenir de la història de Balears 1600-1936 (Lleonard Muntaner). La campaña del Consell Insular Mallorca té nom de dona de la legislatura pasada hizo que Peñarrubia investigara la identidad de estas mujeres hasta ahora desconocidas. De ahí surgieron un centenar de nombres, que ahora aparecen en el libro. «Sé que faltan las más famosas, pero quería ocuparme de las desconocidas o las mal interpretadas», dice la autora.

Quizás el caso más paradigmático sea el de Catalina Homar, mucho más que la amante del Arxiduc Lluís Salvador. «Fue una empresaria, era sa madona de s’Estaca. Sus subordinados la respetaban y se arremangaba para trabajar con ellos. Fue la responsable de la explotación agrícola e introdujo la malvasía, logrando vinos tan buenos que ganaban premios», explicó la historiadora. En los pueblos también hubo mujeres sobresalientes que no quedaron inmortalizadas en la historia porque no tenían puestos relevantes en la política, la religión o el mundo académico, pero lideraron una gran labor social.

Catalina Homar llevó las riendas de s’Estaca y trabajaba con los payeses.

La escritora Manuela de los Herreros promovía una mujer mallorquina y culta.

Maria Lliteres Garau ‘Rigus’, una ‘gabellina’ progresista.

Es el caso de Francesca Serra de Gaieta i Serra de Marina, de sa Pobla, que heredó la possessió Gaieta Gran e impulsó la instalación en el pueblo de una congregación franciscana para que abriese una escuela para niñas. De hecho, invirtió parte de su fortuna para impulsar la primera guardería de Mallorca, donde las payesas dejaban los niños para trabajar en el campo. El caso de Capdepera es curioso. Las gabellinas fueron pioneras en la alfabetización de las mujeres del pueblo. «Tenían un trabajo que las hacía muy independientes gracias a la llatra. Exportaban sus productos a través de una cooperativa y al mismo tiempo las instruían», cuenta Peñarrubia. Eran espiritistas y protestantes y una de estas mujeres destacadas fue Maria Lliteres Garau Rigus, socialista y metodista, que estaba muy implicada en los movimientos socialistas.

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La historiadora Isabel Peñarrubia. Foto: T. AYUGA

Portada del libro.

La escritora Manuela de losHerreros renegó del papel de la mujer frívola que recibía educación ‘de adorno’ y promovía la imagen de mujer arraigada en la mallorquinidad, al mismo tiempo que culta y moderna. Joana Aina Peretó de Vidal fue una mujer progresista que escondió a liberales en su casa cuando Fernando VIII subió al trono y la aristócrata Aina Villalonga criticaba en sus obras de teatro la marginación de los xuetes. No todas eran aristócratas: Francisca Vidal impulsó el sindicato La Virtud Social de Modistas y daba clases a niñas obreras.