Imagen de la pasada concentración y jornada de huelga en el campus de la UIB impulsadas por el sindicato independentista. | T. Ayuga

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El mundo universitario se mira a sí mismo y reflexiona sobre sus propios retos. Uno de los principales temas previstos a debatir por parte de los estudiantes del Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans (SEPC) en el acto nacional que se desarrollará en la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona) de este próximo viernes versará sobre las carencias del mundo universitario que tenemos, y en este contexto ha cobrado relevancia una premisa: «la educación no es una competición».

Se trata de un tema recurrente, que en los últimos tiempos está siendo abordado desde múltiples perspectivas, bien sea desde una posición materialista o política, como en este caso, y que pone en entredicho la tendencia de las sociedades actuales por el consumismo, la competitividad que excede los límites saludables y los costes que ello conlleva en términos de salud mental. En este sentido, los militantes del SEPC esgrimen que «si no queremos que la educación se reduzca a un proceso de capacitación para el mundo laboral, ¡hay que plantarnos!».

Recordemos como, hace algunas semanas, la protesta del SEPC se dejó sentir en el campus de la carretera de Valldemossa, en Palma, paralizando durante un tiempo la entrada al recinto académico balear en una jornada de protestas a nivel estatal. En aquel momento se manifestaban contra la ley Castells, y ahora lamentan que la reforma educativa no lleve a buen término, por ejemplo, una revisión de la definición de las competencias básicas que según su visión segregan al alumnado.

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La implantación de la LOMCE en España implicó la modificación de las ocho competencias básicas del currículo, que pasaron a ser siete y a denominarse competencias clave. Periódicamente se realizan sobre estos conocimientos unas pruebas de nivel, impulsadas por la OCDE, y con los datos que se extraen se realizan los populares Informes Pisa, esos en los que los alumnos baleares siempre comparecen en las últimas posiciones del Estado, que ya de por sí presenta unos 'rankings' mejorables.

Según el SEPC, su objetivo es «evaluar las habilidades que son útiles para el mercado, y por tanto identificar a los alumnos que mejor encajan dentro de la rueda del capital. Aprovechando las subvenciones económicas que se dan a los institutos con mejores resultados, la dirección a menudo prioriza las materias que se evalúan en las competencias tales como las matemáticas, mientras dejan de lado la Historia o el Arte. Ante la necesidad de obtener mayor financiación para los centros educativos, desde la dirección de los mismos se intenta que el alumnado consiga los mejores resultados posibles. Esto alimenta la competitividad entre las estudiantes».

La situación «afecta especialmente a la educación pública, que ya sufre una falta de financiación previa por parte de las instituciones. Los centros públicos y concertados no partimos de las mismas condiciones, y realizar unas pruebas como éstas dando la espalda a esta realidad tan sólo beneficia a los que salen ganando: La red privada-concertada». Para el SEPC el actual status quo acentúa las desigualdades y segrega los institutos según su localización y el origen de las familias. «No queremos que la educación se convierta en una herramienta al servicio del mercado. Cuanta menos información tengan, más difícil les será manipular las políticas educativas de nuestro país», sentencian.