Josep Manchado posa antes de la entrevista. | T. Ayuga

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Josep Manchado cita a este periódico en una terraza de Palma porque no usa pase COVID. Llega sin mascarilla, pero para entrar a pedir mesa se la pone. Criticar las restricciones le han costado su empleo como director insular de Medi Ambient, que ostentaba desde hacía seis años como cargo de confianza de Podemos.

¿Está vacunado contra la COVID?
— Lo estoy de las que tocan, la de la COVID no la considero una vacuna. Es una cosa experimental que no inmuniza. Si lo estoy o no, lo sabe mi médico y algunas personas de mi familia. La Constitución y otros artículos de leyes orgánicas defienden el derecho a la intimidad; es como si me preguntaran si tengo sida o sífilis ¿Pero a ti qué te importa? Todo hubiera sido muy diferente si la vacunación la hubiera recetado un médico y no una teleoperadora, que no se diferencia de las que llaman para vender seguros.

Las vacunas están amparadas por la Conselleria de Salut, el Ministerio de Sanidad y organismos sanitarios internacionales.
— Creo que no están suficientemente probadas y no me las ha recetado mi médico. En esto estoy más cerca de Vox, que en Fitur prefirieron hacerse una prueba de antígenos en vez de usar el pasaporte. En verano me costó un herpes Zóster coincidir con Vox en esto ¿Cómo puedo coincidir con ellos? Lo llevo fatal.

¿Reconoce que un cargo público no debe comentar lo que puso?
— No se deben de hacer, y podrían repasar los mensajes en redes sociales de miembros del PSIB burlándose de los que no usamos pasaporte.

¿Le parece injusta su destitución?
— No sabría decirlo, pero me parece injusto el comportamiento de Podemos. En un país absolutamente libre podría haber opinado lo que he dicho, pero en una situación de pánico me imagino que a la presidenta (Catalina Cladera) no le quedaba otro remedio que pedir mi cese.

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¿Cómo ha sido el proceso?
— El lunes 17 pacté con la consellera insular de Medi Ambient, Aurora Ribot, rebajar el tono de los comentarios, pero el viernes me llamaron de un diario y me dijeron que tenían capturas de pantalla de los mensajes, y supe que la cosa se complicaba. Se lo dije a la consellera y me comentó que justamente estaba en la ejecutiva (de Podemos) y que lo tratarían. Estoy dolido porque vivo a diez minutos de la ejecutiva y, como mínimo, podrían haberme llamado para escucharme. El sábado Ribot me informó que seguramente me cesarían el lunes.

¿Le han echado por otros motivos internos ajenos a los comentarios?
— En principio no, pero sé que me estoy alejando de la línea de Podemos. Me cuesta estar en una formación a la cual entré rompiendo mi trayectoria siempre alejada de los partidos, y al que me sumé creyendo que era otra cosa, cuando era casi asambleario. Me supo mal que se fueran los de Anticapitalistas y los de Íñigo Errejón, más transversales. El partido se fue convirtiendo en una reconstrucción del Partido Comunista e Izquierda Unida con gente sin demasiada ideología y muchas ganas de quedarse. Podemos se tendría que hacer mirar que Llorenç Galmés (PP) y Iago Negueruela (PSOE), que son régimen, les aplaudan. Llegamos para conquistar el cielo y ahora somos puro régimen; no puedo.

Pero no se marchó.
— Aguantaba porque me encantaba lo que hacía, aunque quizás no debería haber seguido. También reconozco que me quita credibilidad no haberme ido, pero desde verano he estado a punto de dimitir en tres ocasiones.

¿Por qué no dimitió cuando empezaron las restricciones?
— Me decían que era una cosa estatal, del PSOE y que no se podía hacer nada. Nunca pensé que durarían tanto, son dinámicas que te arrastran. Además, me encantaba lo que hacía en el Consell, donde tenía un equipo fantástico. Con 16 años ya me detenía la policía; con 17 formé parte de la ocupación de la Dragonera para que no la urbanizaran; con 18, los piquetes del PCE no sacaban de los mítines, y con 21, pasé dos años en la mili entre arrestos. Si no doblé la cabeza en ese momento no lo haré delante de una ejecutiva. En el partido lo saben, y durante la pasada legislatura lo usaron como banderín del Podemos anarquista y libertario. También saben de mi experiencia, que dirigí el plan territorial de Menorca, el más proteccionista y premiado de España; y que he trabajado con ayuntamientos y promotores privados.

Dijo que los confinamientos tienen «reminiscencias nazis». ¿Se excedió o se reafirma en sus palabras?
— Evidentemente, no hablaba del Holocausto de ninguna manera, me refería al principio, cuando marcaban a los judíos poniéndoles una estrella en el pecho para identificarlos. El pasaporte COVID marca a una minoría, que somos el 10 % o el 15 % que nos negamos a utilizarlo.