Una mujer recibe una vacuna contra la COVID-19. | Efe - Nacho Gallego - nip - EFE - EFE

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Es evidente que se toman muchas decisiones políticas en esta pandemia. Y quienes tienen que tomarlas son los que trabajan en la política. El problema es que las decisiones sean políticas sin aval científico. Y no puedo entender que las decisiones se tomen sin coherencia con lo que digan profesionales de la ciencia. Creo que el aval científico es fundamental para que las decisiones se puedan entender. La ciencia es básica para que su criterio sea el elemento clave en esta pandemia por encima de lo político.

Y es que este martes hemos leído que Sanidad recomienda ahora esperar cinco meses para la tercera dosis si una persona ha pasado la COVID-19. La Comisión de Salud Pública ha emitido este nuevo criterio tras las críticas de muchos profesionales, sobre todos de inmunólogos, por establecer en cuatro semanas el periodo para las dosis de refuerzo en personas que se habían infectado. Por tanto, la divulgación científica y la exposición de los científicos en los medios de comunicación ha dado sus frutos.

Pero la pregunta que me viene a la cabeza es: ¿Qué falla en esa relación entre política y ciencia?:

1) No hay canales estables de comunicación

2) Se eligen sólo científicos de la cuerda de los políticos

3) Se peca normalmente por las 2 partes: una por desconfianza política, la otra por soberbia intelectual

4) Los políticos buscan asesores del cortísimo plazo

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5) Demasiadas veces se busca al «gran sabio» que tiene la solución (que normalmente no la tiene)

Creo que el cortoplacismo y los recelos arruinan una cooperación crucial e imprescindible entre ciencia y política. Y es que algo falla en España en el punto de encuentro entre decisiones políticas y conocimiento experto, entre políticos y científicos. El desacople es evidente. Una y otra vez, los responsables políticos acuden a la misma coletilla: «Hacemos lo que nos dicen los expertos». Pero no siempre cuadra, no siempre, ni mucho menos, es así.

Hemos dicho una y otra vez que ante la pandemia y también ante la vacunación, necesitamos unidad de acción y que si no la hay, aumentan los problemas. La realidad con la que nos encontramos en España es un espacio de confrontación que dificulta la mejora de la situación de la pandemia. Y de la confrontación entre partidos, se le añaden la confrontación Gobierno Central con algunas CCAA que con el enfrentamiento buscan encontrar rédito político y electoral. Necesitamos expertos (expertos que deben ser plurales ideológicamente) que hagan sus planteamientos basados en la evidencia y políticos que tomen decisiones basadas en lo que opinan los expertos. Nos iría mejor sin duda en esta pandemia.

De todas formas, que la ciencia sea un buen camino para solucionar problemas no quiere decir que siempre logre solucionarlos, ni que sea infalible, ni que presente dogmas inamovibles que nos permitan ajustarnos a un guion inmutable. Todo lo contrario: como hemos visto estos dos últimos años, las explicaciones que nos da la ciencia para tratar de comprender el mundo pueden cambiar, lo cual no significa que no debamos confiar en ella.

¿Hemos asimilado de manera correcta lo que supone la pandemia y la información que nos ha ido llegando? Probablemente no, o al menos no todo lo bien que deberíamos. Más allá de que la cultura científica pueda mejorarse en España, nos hemos dado de bruces con la ciencia durante la pandemia. Estudiar la posible crisis de confianza de la sociedad, no sólo en los resultados que muestra la ciencia sino también en las políticas que surgen de interpretar esos resultados y tomar decisiones, ayudará a facilitar una mejor relación entre ciencia, política y sociedad.

La pandemia ha proporcionado a la ciencia el primer verdadero campo de batalla para ponerse a prueba desde principios de siglo. La ciencia ganó algunas batallas importantes contra el Sars-Cov-2, pero también ha perdido otras muchas más. De manera inequívoca, la grandeza del progreso científico y la presencia de grandes investigadores permitieron a las sociedades comprender el virus, sus modos de transmisión y las intervenciones de salud pública más efectivas. Compartir la información, potenciada por la red, permitió el enfrentamiento inmediato entre diferentes experiencias y profesionales. Después de una secuenciación viral inmediata, se desarrollaron y aprobaron vacunas seguras y efectivas a una velocidad récord, lo que nos brindó una nueva forma de proteger de la enfermedad grave a las personas del virus, además de las medidas tradicionales de salud pública. Y por primera vez en mucho tiempo, el progreso científico ha estado en las portadas de todos los periódicos durante más de un año.

Debido al peculiar enfoque de la información que tenemos hoy en día, los científicos han intentado dar instrucciones precisas y comprensibles en cualquier momento disponible, con transparencia y claridad, basándose en trabajos precedentes o, en su defecto, en el sentido común. Pero todos olvidamos que el tiempo de la ciencia y la investigación no es el tiempo de los medios y las noticias. Todo puede ser mejor como en la decisión sobre la tercera dosis si contamos con el apoyo de expertos y científicos. Y el avance del cambio se podrá transformar cuando la vacuna basada en la variante de Wuhan avance hacia las variantes delta y ómicron: seguro que será aún mucho mejor. Avancemos con la ciencia como aspecto clave, pero sin «utilizar inadecuadamente» a los expertos. Lo necesitamos.