Alberto Jiménez se ha infectado tres veces. | T. Ayuga

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Hay tres fechas que Alberto Jiménez tiene grabadas a fuego: julio de 2020, agosto de 2021 y la pasada Nochevieja. Las tres veces que se ha contagiado de COVID-19. Trabaja como técnico especialista en radiodiagnóstico en Son Espases y tiene la mala suerte de ser uno de los pocos sanitario de Baleares que se ha infectado hasta en tres ocasiones. Puede sonar extraño, pero viendo la explosión de contagios de la variante Ómicron, será algo normal en muy poco tiempo.

«Acabo de volver al trabajo hace apenas unos días, y aunque mis compañeros intentan quitarle hierro al asunto, me siento un bicho un raro», confiesa Alberto, que dio por tercera vez positivo el 31 de diciembre, después de hacerse un test de antígenos en casa, como casi todos los mallorquines estas fiestas, antes de cenar con su mujer y un grupo de amigos: «La idea era hacernos la foto con el resultado y subirlo al grupo de whatsapp, no pensaba que iba a ser positivo. Al menos lo he pasado como una simple gripe esta vez...»

Cuarentena en soledad

¿Cómo se ha contagiado tres veces Alberto? No hay respuesta. Trabaja en la unidad de radiología de Son Espases y atiende diariamente dos o tres casos de coronavirus, pero recalca que tanto él como sus compañeros son escrupulosos con las medidas. Cada día porta su pesado equipo de protección individual, mascarilla fp2 y otra quirúrgica por encima durante siete horas, solo se la quita para comer o beber. «Me han preguntado varias veces si porto mascarilla y me cuido, siempre respondo que sigo las medidas, al tiempo que intento cuidarme y vivir una vida lo más normal posible restricciones mediante. Es más, mi mayor afición es coger la autocaravana los fines de semana y salir de Palma. Cuanto más campo y menos masificación, mejor para nosotros», aclara el sanitario.

Alberto Jiménez porta el epi con el trabaja siete horas diarias en el hospital.
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Alberto recuerda que la primera vez que se contagió fue en julio de 2020, casi recién salidos de la temida primera ola y del confinamiento en el domicilio. Salió de su turno en Son Espases para incorporarse a su trabajo en una clínica privada, cuando empezó a encontrarse mal. Dolores musculares, decaimiento, «no se me sostenía el cuerpo», apuntilla. El resultado de la PCR fue claro: positivo en COVID-19.

«La verdad es que daba miedo. No conocíamos el virus como ahora. Me fui a la autocaravana y allí me pasé solo 15 días. Mi mujer y mi hija de cinco meses no se habían infectado. Fue duro. Fiebre alta, dolores musculares, miedo, soledad... el octavo día mejoré, no hizo falta ingreso». Como secuelas, le acompañan una molestia continua en los riñones y días en los que el dolor de cabeza no le permiten pensar. Pero va tirando. Hay gente que lo ha pasado y lo pasa peor.

El segundo mazazo llegó un año después, ya vacunado. En agosto de 2020 volvió a contagiarse, y con él su mujer, sus suegros, sus sobrinos... su hija no dio positivo. Vuelta a la autocaravana, alguien debía cuidar de la pequeña, toda una experta ya en PCRS y test de antígenos. «Lo peor de contagiarse y hacer cuarentena es el tiempo perdido con mi familia y con mi hija. Verla a través del cristal de un coche es muy duro», al tiempo que echa un poquito de humor a la situación: «Ahora no dejo de repetir a todos que estoy esperando a la nueva variante francesa. Qué puedo decir si no...».