Calligaris, durante la entrevista con este periódico. | Jaume Morey

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Freddy Calligaris (Francia, 1967) es el presidente del Club de Empresarios (CEP) de la Plataforma de Información y Acompañamiento a los Francófonos (PIAF), que él mismo fundó. Una de sus principales labores es tender puentes entre Mallorca y los países de habla francesa.

¿Cuándo y por qué nació el club?

—En el año 2000 me fui de Francia a Australia y después a Miami por motivos de trabajo. Me encontré con la dificultad de conocer gente que me proporcionara buenas informaciones o contactos. Por esto, en 2015 surgió la PIAF. El objetivo era constituir una red de gente que hablara francés para los nativos que salían de su país. Tras llegar a Mallorca, en 2014, me percaté que se conocía muy poco de la Isla en Francia, donde principalmente se hablaba de s’Arenal y Magaluf. Por ello, desde la PIAF impulsamos la divulgación de artículos para dar a conocer todo lo que tiene la Isla. Hace unos tres años, con Michel Magnier, que es cónsul honorario de Francia, empezamos a recibir muchas cuestiones de empresarios e inversores interesados en Mallorca, por lo que pensamos en hacer un club de empresarios con el objetivo de ser un puente entre Mallorca y los países de habla francesa.

¿Está formado solo por empresarios de habla francesa?

—No. También hay empresarios mallorquines. Lo constituimos en enero de 2020 y tras el parón de la COVID-19 estamos retomando las acciones. Cada mes sumamos nuevos socios.

¿Hay franceses con proyectos empresariales interesados en venir a la Isla?

—Sí. Y no solo relacionados con el sector turístico, pues los hay de energías renovables, informática... Quieren vivir aquí. La COVID-19 ha impulsado esta tendencia ya que el teletrabajo permite trabajar en un lugar distinto de donde se reside. Los franceses que vienen a Mallorca lo hacen en busca de la calidad de vida.

Usted pone en valor la calidad de vida de la Isla, pero existe el debate de que se está perdiendo y de que hay masificación. ¿Tiene esta percepción el francés?

—No. Quizás porque en Francia es peor. Es muy importante destacar que aquí no hay problemas de seguridad, algo que ocurre en grandes ciudades como París o Bruselas. Para ellos, trasladar su residencia a Mallorca es un gran cambio positivo. Tampoco perciben masificación en las playas y lo asumen como algo que ocurre algunos meses. Valoran tener cerca el mar o las montañas, porque las distancias son mucho menores que en París, por ejemplo.

Baleares ha sido uno de los destinos estrella para el turismo francés este año, ¿por qué?

—Desde siempre era muy habitual en Francia ir de vacaciones al norte de África, algo que empezó a cambiar con los atentados de hace unos años. Entonces, empezaron a buscar destinos alternativos y Mallorca fue uno de los elegidos por la proximidad, pues está a menos de dos horas en avión. Quiero destacar, en este punto, la muy buena relación que tenemos con el conseller insular de Turisme, Andreu Serra, con quien trabajamos mucho.

¿La pandemia no ha influido?

—Sí, también. Al impedir viajar a destinos lejanos, se ha apostado por destinos próximos y seguros, caso de Balears. Cada día hay más gente de Francia, Suiza, Bélgica y Luxemburgo interesada en Mallorca. En agosto, en la web de la PIAF teníamos unas 8.000 visitas diarias. Al turista francés le encanta el patrimonio, la historia, la cultura y la gastronomía y lo encuentra todo en Mallorca.

¿Cree que esta tendencia se consolidará tras la pandemia?

—Creo que sí e incluso que se podría crecer. Sin embargo, no se trata de potenciar que vengan más franceses, sino impulsar la calidad de los visitantes. De hecho, el tipo de turista francés que más viaja a Mallorca es el que tiene un poder adquisitivo medio-alto, que le gusta descubrir Mallorca. Seguro que el turista de este perfil regresará.

¿Lo promueven de alguna manera?

—Sí. Organizamos viajes de prensa para dar a conocer lo que me gusta denominar como la Mallorca real. A nivel institucional tenemos contacto con la presidenta de la Federación Hotelera de Mallorca, Maria Frontera; el presidente de la Cámara de Comercio Antoni Mercant; y el director de la Fundació Impulsa, Antoni Riera.

¿También compran casas los franceses en Mallorca?


—Sí. Hay 14.000 franceses con residencia en la Isla. Desde siempre los ha habido con una segunda residencia aquí. El principal cambio no es una mayor demanda de compradores sino de cambio de perfil. Antes adquirían casas de entre 150.000 y 400.000 euros y, ahora, de hasta dos o tres millones. Más demanda no sé, pero sí diferente. No hay una gran incremento de compradores, pero invierten más.

¿Siempre para segunda residencia?


—Depende. También los hay que preparan su jubilación y trasladar aquí su residencia.

¿Qué tipo de casas demandan y dónde?

—De todo tipo y en cualquier lugar, tanto en la costa como en el interior. Los que quieren aprovechar sus traslados a la Isla con el barco que cubre la ruta entre Toulon y Alcúdia optan por comprar una casa en el municipio. Desde que la naviera Corsica Ferries ha iniciado la conexión marítima, ha aumentado la demanda de viviendas en Alcúdia por parte de franceses.

¿Ven los franceses a Baleares como un lugar con oportunidades laborales para ellos?


—La verdad es que vienen más como empresarios que como asalariados. Hay que tener en cuenta que los salarios en España son más bajos, por lo que uno se lo piensa dos veces.