Los alumnos vuelven a poder reunirse en este espacio interior, un lugar emblemático y neurálgico de la vida universitaria. | Twitter

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El claustre del edificio Ramon Llull, la Facultat de Lletres de la Universitat de les Illes Balears (UIB), asume su particular desescalada. Con el coronavirus se precintó el claustro, según fuentes de la UIB por ser un espacio común donde se producían abundantes interacciones sociales entre los estudiantes. Así pues se trató de una medida general para contener los contagios y salvaguardar la salud de toda la comunidad universitaria.

«Las estudiantes hemos recuperado el espacio histórico del Ramon Llull, clave para la socialización y el movimiento estudiantil», proclaman ahora desde el Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans (SEPC), donde interpretan la reapertura del espacio interior como «una victoria».

Tradicionalmente las Humanidades han sido el feudo por antonomasia de este sindicato y esta facultad su lugar primordial de encuentros. Muchas jornadas de trabajo, huelgas y acciones lúdicas se han gestado entre estas cuatro paredes al aire libre, junto a la cafetería y el vestíbulo principal.

Desde el decanato de Humanidades, al frente del cual se encuentra el catedrático Miquel Deyá, resaltan que «no existe conflicto alguno» con respecto al claustre del Ramon Llull. «Puede que los estudiantes lo quisieran haber abierto antes, pero estas medidas responden a un protocolo anticovid a escala general universitaria», añaden fuentes académicas consultadas por Ultima Hora.

«La universidad pública de Baleares también tiene responsabilidades, entre ellas exigir al Govern una dotación de recursos suficiente para asegurar el bienestar de todos y la calidad educativa», responde a esta cuestión Marc Gomila, portavoz del sindicato independentista.

Según Gomila, su organización ha emprendido una campaña para reclamar la presencialidad total de los estudios universitarios «en un contexto de absoluta apertura de la restauración y el ocio». Uno de los caballos de batalla era volver a poder disponer de esta ágora. Tan solo unos días después de emprender acciones mediáticas en redes sociales –interpelando a la UIB y a la Facultad y sin haber obtenido ninguna respuesta oficial– el claustro vuelve a estar operativo. ¿Casualidad?

Para el portavoz estudiantil no es de recibo que los alumnos de la UIB hayan pagado por una educación superior con precios de universidad presencial, y a la postre no puedan «entrar ni diez personas en un aula», algo que según su impresión afecta más a las carreras de letras y a los magisterios.

«Es un hecho a todas luces negativo, la calidad docente es peor con una educación semipresencial. Eso estaba muy bien para los peores momentos de la pandemia pero ahora no es suficiente», sentencia.