La doctora en su consulta de Juaneda Miramar. | JUANEDA

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La doctora Inmacuada Moreo es médico de Familia y experta en medicina de la adolescencia en Juaneda Hospitales. Ha analizado cómo la pandemia ha podido afectar a los jóvenes y adolescentes y qué patologías de salud mental han podido incrementarse, como una mayor presencia de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), estrés, depresión o un aumento de las autolesiones. Todas estas preocupaciones las abordará el próximo 24 de septiembre en las Segundas Jornadas de Salud del Adolescente, que organiza en el Hospital Juaneda Miramar y que estará disponible as través de streaming.

¿Qué problemas de salud mental ha provocado esta pandemia?
— La pandemia ha provocado consecuencias no solo relativas al físico, sino también a la psicología. Se ha visto mucha afección entre los adolescentes debido a las restricciones, por ese aislamiento y miedo a una situación desconocida. Todo ello les ha originado un cambio en sus rutinas de alimentación y en las relaciones sociales, y ahora están pagando las consecuencias negativas. Por ejemplo, en la consulta vemos que han aumentado los trastornos mentales, sobre todo alimentarios, de depresión y las adicciones a las nuevas tecnologías. Y hay mayor demanda de los ingresos hospitalarios.

De hecho, se han multiplicado los trastornos alimentarios. ¿Cuáles son sus consecuencias?
— Una de las consecuencias que provocará es sobresaturación en los servicios tanto psiquiátricos como en Pediatría de acuerdo a esta alta demanda. Los datos del Hospital Niño Jesús, en Madrid, muestran que los casos hospitalarios por TCA han aumentado un 20 %. Este hecho nos hace poner en funcionamiento para ofrecerles el tratamiento que necesitan a largo plazo con un equipo multidisciplinar. Es la tercera enfermedad crónica en la adolescencia y es la primera causa de mortalidad en salud mental, siendo el suicidio la segunda. Por ello, nos hace estar mucho más alerta. Este tema será uno de los que pongamos sobre la mesa el día de las Segundas Jornadas, así como informaremos de las herramientas que tenemos a nivel sanitario para abarcar este aumento.

¿Y qué ha podido causar este aumento?
— Podría ser por las limitaciones que han tenido durante el confinamiento. Hemos visto cómo han cuidado en exceso su peso y eso ha generado un trastorno en cuanto a cuidar la alimentación, con una mayor preocupación en el aspecto físico y en querer parecerse a un famoso o modelo.

De hecho, usted señala como otro desafío de la salud las adicciones a las tecnologías.
— Les hemos puesto el problema delante, les hemos conectado a una red tanto para hacer las tareas de clase como para el disfrute. Ese uso excesivo de nuevas tecnologías, que en un principio ha servido para que continuaran con su vida social y educativa durante el confinamiento, ha hecho que estos adolescentes hayan caído en un uso abusivo y negativo.

Y, además, están asumiendo conductas que no son suyas. Los padres y profesionales no sabemos del todo cómo manejar el buen uso de las redes, no nos han enseñado para ello. Lo que sí avisamos a las familias es que deben concienciar a sus hijos de la importancia de la desintoxicación digital.

¿Qué tipos de conductas presentan con este uso excesivo de las tecnologías?
— Hemos visto que se vuelven más agresivos, sufren problemas de insomnio, están más retraídos, más aislados y muestran un cambio de humor. Por el hecho de no saber parar, se muestran incapaces de asumir una limitación, un horario, cuando los padres les impone una rutina en la utilización de las nuevas tecnologías. Estos son los problemas que más vemos y que afectan sobre todo a menores de entre 11 y 12 años.

También señala un aumento de las autolesiones.
— Estas autolesiones se han dado por una desregulación emocional, por el hecho de no saber gestionar sus emociones. El problema que han tenido los menores durante la pandemia es que no han podido combatir el estrés, el miedo, la tristeza o ansiedad. Y la forma que han tenido de gestionar todas estas emociones ha sido mediante la autolesión. Este hecho ha sido más frecuente en chicas que en chicos.

¿Y qué recomienda para combatir estas emociones?
— Primero, que entiendan que hay que poner nombre a lo que pasa, a su problema. Muchos se sienten débiles por tener que precisar ayuda a nivel mental, que no tiene por qué ser algo malo. Y luego, trabajar con ellos el motivo por el cual tienen esa ansiedad o frustración, a fin de que exterioricen los sentimientos. Intentamos crear una relación de confianza para ayudarles a mejorar y a entenderse mejor. También utilizamos técnicas de meditación.

¿Comunican el problema los jóvenes?
— Ellos se dan cuenta porque, de forma normal, no les gusta estar mal. Si hay una buena comunicación familiar, transmiten su problema y toman conciencia.