A father and daughter play on the Amadores beach, amid the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19), in the south of the island of Gran Canaria, Spain, August 3, 2021. REUTERS/Borja Suarez HEALTH-CORONAVIRUS/SPAIN-TOURISM | BORJA SUAREZ

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Baleares ha afrontado su primer verano de recuperación. Un temporada tímida y llenas de incertezas que avanza poco a poco con el temor de que alguno de los principales países emisores sitúe al archipiélago en la lista negra. Por el momento, ni Alemania y Reino Unido lo harán hasta finales de agosto.

Las islas viven un verano con una eterna búsqueda del equilibrio entre la salud y la economía. La quinta ola de contagios ha inquietado durante meses a un sector que no podía permitirse otra temporada en números rojos. El reto era abrirse a los turistas y evitar la saturación del sistema sanitario. La balanza debía mantenerse en armonía para mantener algunas medidas sanitarias para ser atractivos pero evitar un repunte.

El resultado a mitad de temporada es un sector a medio gas que intenta sobrevivir tras meses de pandemia. Las previsiones para lo que queda de verano no son mucho más halagüeñas, la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca estima una ocupación de entre el 60 y 65 por ciento durante la primera quincena de agosto si la situación se mantiene. «Partiendo de que el 50 % de la planta hotelera no se activó hasta el mes de junio y que en julio se fue incorporando la restante hasta alcanzar el 88 % actual, el mes de agosto jugará un papel decisivo en el resultado global de la temporada. Las previsiones de ocupación que maneja la FEHM, en función de las aportaciones de las 23 asociaciones hoteleras que la integran, para los próximos 7-15 días y con el escenario actual en el que pueden darse cambios derivados de las decisiones políticas, oscilan en una horquilla entre el 60-65%», trasladó la presidenta de la FEHM, María Frontera.

Cancelaciones por los incendios en el Mediterráneo oriental

Como Baleares, sus principales competidores turísticos están pasando un verano lleno de incertezas. En el Mediterráneo oriental, además de la última ola de contagios, las restricciones y la crisis económica, hay que sumarle los terribles incendios de los últimos días. Muchos de los turistas que habían elegido las zonas de Grecia y Turquía, afectadas por el fuego, se han visto obligados a cancelar sus reservas a última hora.

Las islas griegas son uno de los competidores más fuertes para Baleares. En estos momentos, su situación sanitaria es bastante más complicada con más de 2.500 casos diarios, una cifra más elevada que en el archipiélago. Para visitar el país griego, los viajeros deben estar vacunados o presentar una PCR negativa y, además, si quieren desplazarse de la península griega en las Islas, hacerse un test de antígenos extra. Los principales turoperadores afirman que han sufrido «una gran bajada» respecto a la cifras de visitantes de antes de la pandemia. Aún así, consideran que la ocupación en las Islas ha mejorado, incluso Santorini, Milo, Paros y Naxos al alcanzado el 90 % de ocupación a principios de agosto. Sin embargo, las buenas previsiones se han visto afectadas por una una ola de calor -la peor en 30 años- que ha provocado incendios forestales simultáneos en muchas partes del país.

Los fuegos también se están cebando de forma especial con Turquía, donde los habitantes del suroeste del país llevan una semana viendo cómo los incendios consumen hectáreas de forma descontrolada. Las zonas más afectadas se encuentran entre los turísticos complejos de Bodrum y Antalya, donde miles de personas han tenido que ser evacuadas. A pesar de ser uno de los destinos más económicos, han vivido una mitad de temporada floja debido a la ausencia de cruceros. El sector califica las pérdidas de un 70 %. En estos momentos, en Turquía no hay restricciones, aunque para entrar al país hay que tener la pauta completa de vacunación o presentar una PCR negativa.

Por último, Túnez también vive una temporada atípica. El turismo ha caído un 70% en el país magrebí y en el mes de agosto las reservas son mínimas. Los turoperadores califican la temporada de «desastrosa».