José Núñez, a la izquierda, junto a un soldado afgano y otro español.

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A José Núñez todavía le cuesta creer lo sucedido en Afganistán. El exmilitar mallorquín siente tristeza por la llegada al poder del régimen talibán. «No me habría imaginado, estando allí, que todo iba a quedar en sus manos. Parece algo impensable porque el país se encontraba repleto de tropas, el ejército afgano estaba bien preparado».

José Núñez era soldado del Ejército de Tierra en el Regimiento de Infantería Ligera Palma 47 cuando le propusieron viajar a Afganistán en 2010. La misión era para dar seguridad a los mandos españoles que iban a instruir al ejército afgano. «Les instruyeron día y noche», cuenta el exmilitar, que en la actualidad trabaja como vigilante de seguridad en el hospital Son Espases.

El exsoldado mallorquín tenía 24 años cuando pisó por primera vez Kabul. «Se invirtió muchísimo dinero en material, sanidad, educación y, sobre todo, en el ejército. Les dejamos un ejército preparado para valerse por sí mismo».

El ejército afgano, formado por 300.000 militares, contaba con mayores efectivos que los talibanes pero, supuestamente, estaba desmoralizado por la retirada de las tropas internacionales y la falta de suministros. José Núñez se pregunta qué ha sido de ellos. «No me creo que no estuvieran motivados. ¿Qué mayor motivación hay que luchar por la libertad de tu país?».

Muchos soldados optaron por desertar antes que luchar en condiciones precarias. En Kandahar, una de las principales ciudades del país, las tropas no habían cobrado en los últimos seis o nueve meses, según el periódico The Washington Post.

«Es muy extraño lo que ha pasado», comenta José, que pasó siete meses en Afganistán. «Siento tristeza porque la OTAN llevaba años ayudando al país. Ha sido un retroceso. Todo lo que se ha invertido –bases, vehículos y armamento– quedará en manos de los talibanes. Yo no me puedo creer que el ejército afgano no haya opuesto resistencia».

El exmilitar estuvo en Kabul y Herat. «Yo no vi ningún talibán. Nos hostigaron un par de veces, pero íbamos en vehículos blindados y llevábamos armamento pesado. En la capital había muchísima seguridad».

La mayor satisfacción para José Núñez fue el recibimiento de sus familiares cuando regresó a Mallorca finalizada la misión en Afganistán. «Me niego a pensar que todo lo que hicimos fue en vano. Por esas familias que perdieron a un padre, una madre, o un hijo... yo creo que luchar por la libertad siempre merece la pena y me quedo con eso. Estoy orgulloso de nuestra labor allí», asegura.