Chus recibe ayudas de la Cruz Roja. Varios voluntarios, como Miguel, van a visitarla de forma semanal. | Jaume Morey

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Los ojos felinos y verdosos de María Jesús Meneses, Chus para los amigos, reflejan lo más bello y doloroso de la vida. Nació hace 65 años en Palencia (Castilla y León), en el seno de una familia marcada por el amor paternal y el conflicto maternal. En su mochila guarda episodios para no dormir, como violaciones por parte de un profesor cuando aún era menor, pero también una historia sentimental de película que dio pie a regentar, en 1995, uno de los primeros clubs de intercambio de parejas en Mallorca.

No era habitual por aquel entonces encontrar este tipo de locales, «en ese momento había tres o cuatro más. Mi expareja y yo siempre hemos sido muy abiertos y con mucha complicidad. Nos quedamos sin trabajo. Solíamos ver pornografía y decidimos arrancar un negocio de intercambios. Visitamos varios clubs en Barcelona para ver cómo funcionaban», explica desde su vivienda de protección oficial en el barrio es Jonquet.

Éxito

El local estaba entre el Paseo Mallorca y la calle Jaume de Santacília. Contaba con una barra de bar, tres habitaciones, jacuzzis, saunas y algún que otro cuarto oscuro o para jugar con las parejas. María Jesús se considera inteligente, con mucho ojo y un don para las relaciones públicas. De ahí que hubiera tenido tanto éxito el negocio: «Según entraban clientes les explicaba lo que era y que si tenían las cosas claras. Los intercambios o provocaban un divorcio o unirse más con la pareja», cuenta. Al mes podían pasar por Encuentros unas 300 personas.

Chus añora esa época. Fue una de las más felices de su vida que compartió con el que es ahora su expareja desde hace diez años. Le gustaba participar con sus clientes, independientemente del sexo. «Descubrí que era bisexual cuando conocí a mi expareja», defiende. Cuando mejor funcionaba el club eran los jueves, viernes y sábados. «Es verdad que muchas personas entraban inseguras, al final en Mallorca se conoce todo el mundo, así que intentaban llevarlo bajo anonimato. La verdad que mi ex y yo llevábamos el negocio de forma familiar, contábamos chistes, nos reíamos. Para nosotros fue más que un trabajo», dice orgullosa.

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Una etapa feliz. Chus guarda con cariño fotografías que le hicieron en los años noventa y presume de cuerpo.

El negocio cerró en el 2000 por una operación de hernia discal que dejó a María Jesús con una fuerte depresión. Su vida dio una vuelta de tuerca. No quiere hablar de las pesadillas en los últimos años. Tampoco quiere hablar de su hija. María Jesús ha empezado ahora a encontrar un poco de paz. Su actual casa está repleta de recuerdos que enseña con orgullo, como también cuenta orgullosa que ha vuelto a leer. «Hacía 21 años que no leía nada. Entonces me llegó el libro de Paz Padilla El humor de mi vida y me vi reflejada en ella porque soy una persona muy extrovertida y alegre. He vuelto a leer ahora».

La gran ilusión de Chus es escribir un libro sobre su vida. Le gustaría encontrar una editorial para hacer cinco copias de su historia y regalarlas a sus ángeles de la guarda.