El doctor Javier Murillas, durante la entrevista concedida a este periódico, en Son Espases. | T. Ayuga

Medicina Interna ha visto a más del 80 % de los pacientes ingresados por COVID-19 en Son Espases, convirtiéndose en una de las especialidades más imprescindibles para frenar los efectos de la pandemia. Al frente de esta unidad, en el hospital de referencia, está Javier Murillas (Bilbao, 1969) quien reflexiona sobre el momento actual y la importancia de vacunarse.

¿Le ha sorprendido esta nueva ola de contagios?
—Sí, a todos nos ha cogido por sorpresa. No esperábamos que con la incidencia de junio y la campaña de vacunación esto fuera a pasar.

¿Le frustra ver las imágenes de los botellones?
—Parte de nuestro ocio se basa en el consumo de alcohol y eso ya es un fracaso de la sociedad pero estaba pasando antes. Lo que sí hay que remarcar es la peligrosidad de los botellones para los contagios. En este contexto se pueden dar eventos supercontagiadores. Hasta que no estén vacunados, deben evitarse las reuniones multitudinarias con alcohol y sin protección.

¿Cuál es la actual situación de Son Espases?
—Tenemos tres unidades COVID que van creciendo muy rápido en los últimos días. La vacuna protege pero la incidencia está siendo muy alta.

¿Podrían llegar a saturarse?
—Es un término discutible. Será un reto conseguir las camas, impactará en el resto de actividad del hospital pero no creo que llegue a sobrepasar nuestra capacidad de respuesta.

¿Tienen a personal suficiente?
—Es una de las dificultades. La planificación se había hecho sin contar con la quinta ola.

¿Cómo definiría el papel del internista en esta crisis?
—Crucial. La mayor parte de la actividad en hospitalizaciones ha recaído en el servicio de Medicina Interna, junto con Neumología, Urgencias e Intensivos.

Habrá visto de todo...
—Quizá con perspectiva lo más llamativo es la duración y la capacidad del virus para adaptarse a todo y volver a producir una nueva ola.

¿Ve un final?
—Yo creo que mientras se avance en la vacunación superaremos la actual situación. La dificultad es saber si a nivel mundial seremos capaces de llevar las mismas tasas; si no lo conseguimos probablemente surjan nuevas cepas y más olas.

¿Las mutaciones del virus han afectado al manejo de pacientes?
—Sin duda ahora la incertidumbre en el manejo terapéutico y diagnóstico es menor que en los primeros meses, aunque hay áreas de conocimiento oscuras. Sabemos bien lo que funciona y lo que no, pero vemos a enfermos no enfermedades, y cada uno es diferente.

A estas alturas ¿existe un tratamiento eficaz contra la COVID?
—La incertidumbre inicial nos obligó a utilizar fármacos con poca evidencia pero ahora ya se sabe que en neumonía grave funciona bien el tratamiento con corticoides y para los que evolucionan mal, está el tratamiento con tocilizumab. Sabemos también que el Remdesivir ayuda en neumonías graves que no requieren intubación...

¿Y qué hay del dióxido de cloro o la Invermectina?
—Absolutamente nada, no hay evidencia científica. Sé que hay médicos que lo han defendido pero esto pasa siempre. En todas las pandemias hay alguien que dice tener la solución sin argumentos.

¿Qué opina de los negacionistas?
—A estas alturas de la historia, ser negacionista en los países de Occidente, con el acceso que tenemos a los recursos, o a la información... es pretender volver a la caverna, ir 200 años para atrás y es inadmisible y un insulto a la inteligencia.

¿Y qué les diría a quienes se niegan a vacunarse?
—La vacunación protege de la infección por coronavirus. Aunque puedan tener la enfermedad va a ser menos grave, y además disminuye la transmisión a otras personas. Es una de las manifestaciones más evidentes del progreso de nuestra sociedad y la campaña es un hito en la historia, negarlo es contrario a la inteligencia.

¿A cuántas personas puede contagiar de media un infectado con la variante Delta (antes india)?
—Parece que es un 50 % más contagiosa que las previas. La alfa se introdujo mientras bajaban los casos y no cambió el panorama, pero la Delta nos cogió con la incidencia controlada y la vacunación y ha supuesto un gran incremento de contagios. La impresión es que además puede ser más virulenta porque vemos a pacientes jóvenes en estado grave y que evolucionan muy rápido, pero ahora hay muchos casos y también puede ser por eso.

¿Qué se sabe de la COVID persistente?
—El 10 % de los enfermos, superadas las cuatro semanas de COVID agudo, sigue teniendo síntomas y el abanico es muy diferente. Los hay que tienen síndrome post UCI, también con daño pulmonar como secuela y luego quienes tienen síntomas persistentes, como el cansancio, dolor pulmonar, depresión... La mayoría mejora con el tiempo.

¿Será necesaria una tercera dosis de la vacuna?
—Está por ver, probablemente haga falta pero se está generando la evidencia científica ahora.

¿Conoce a sanitarios que no se hayan querido vacunar?
—Personalmente a ninguno.

¿Bastará con tener al 70 % de la población vacunada?
—Probablemente habrá que aspirar a un porcentaje mayor.

¿Terminaremos viendo la COVID-19 como una gripe más, con epidemias estacionales?
—Es posible, sí.