Playa de Palma es una de las zonas que están en el punto de mira. De momento, las restricciones en la calle del Jamón y los aledaños son mayores que en el resto de la Isla. En la imagen, aficionados alemanes seguían un encuentro de la Eurocopa. | Pere Bota

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Baleares notificó este jueves 304 casos en un sólo día, una cifra que no se había visto desde el 2 de febrero cuando se registraron 312. La incidencia está aumentando vertiginosamente y este jueves ya ascendía a 106,4 casos por 100.000 habitantes a 14 días, mientras que a una semana son 80,3, es decir, la tendencia es seguir creciendo.

Sin embargo, según la presidenta del Govern, Francina Armengol, «la afectación en las personas jóvenes hace que suba la incidencia acumulada. ¿Esto está provocando que los hospitales se saturen? Radicalmente, no». Por este motivo el Govern no se plantea, de momento, recuperar restricciones en aforos o movilidad.

No se descarta, eso sí, realizar actuaciones sanitarias preventivas, puntuales, en las zonas de mayor afectación. Si bien preocupa la transmisión generalizada que ya se ve en Menorca, en el caso de Mallorca los focos están más localizados.

Con este panorama epidemiológico no se prevé tampoco seguir avanzando en la desescalada, sin embargo «es perfectamente compatible seguir teniendo turistas de forma segura porque la situación hospitalaria, está muy bien controlada», añadió Armengol.

El argumento de la presidenta es que «siempre que se han tomado medidas de restricción porque se nos saturaba la situación sanitaria, que es lo más importante de todo, a partir de ahí la reflexión es mirar la incidencia acumulada y la situación del sistema de salud de cada uno de los territorios, dicho esto, Baleares es el más seguro del Mediterráneo porque nuestros hospitales están tranquilos».

Este jueves había 55 pacientes en planta en los centros sanitarios de las Islas y 14 en UCI. Ambos indicadores suben pero todavía no son preocupantes. En este momento, «estamos equilibrando la actividad económica y la vida más normalizada y aunque tengamos una incidencia mayor, porque subimos en casos, no nos están obstaculizando el sistema sanitario», incidió.

La franja de entre 16 a 29 años presenta una incidencia de 327,9 contagios por 100.000 habitantes y todos los focos están puestos sobre ellos, de ahí que Balears se convirtiera en la primera comunidad en abrir la vacunación universal esta semana. De hecho 18.000 jóvenes de entre estas edades ya se han puesto la primera dosis y otros 41.000 han pedido cita a través de BitCita.

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«La vacunación nos dará la seguridad de hacer una vida lo más tranquila posible», aseguró la presidenta de un Ejecutivo que tiene todas las esperanzas puestas en el avance de la campaña. «Los controles funcionan pero hay que seguir vacunando», insistió.

Y es que las cifras hacen temer lo peor para una ciudadanía ya cansada de limitaciones. «Somos muy conscientes de la preocupación y el estrés que hemos vivido durante 15 meses, hemos superado lo difícil», añadía Armengol.

Si bien España es uno de los países que más protocolos de seguridad ha desarrollado, Balears es de las comunidades que lo han reforzado más. La presidenta destacó, de hecho, que las Islas son la única autonomía donde se han habilitado hoteles puentes para dar una mayor seguridad.

Aun así los controles no son infalibles, como se ha visto con el megabrote entre estudiantes en viajes de curso que se ha iniciado en Mallorca.

Sobre lo sucedido, tanto la presidenta, como la consellera de Salud, Patricia Gómez, pidieron no criminalizar a todos los jóvenes y mostraron su agradecimiento a los que están cumpliendo las normas.

Francina Armengol explicó que el Govern lleva 15 meses poniendo en cuarentena a las personas que son contactos estrechos. En el caso de los estudiantes, según la justicia, no se definió quiénes de los afectados lo eran. Cuando la salud pública y la libertad del individuo chocan debe justificarse mejor las medidas que coartan el derecho fundamental.

A ese respecto, Armengol explicó que en este caso «las agencias que organizaron los viajes ofrecieron diferentes actividades donde la gente se iba encontrando. Los jóvenes no sabían explicar a quién tenían al lado, a quién vieron, cuánto tiempo, así que se determinó la norma de que todos eran contactos». La imposibilidad de entrar en el detalle hizo que los estudiantes aislados pudieran volver a sus casas pese a seguir detectando positivos entre ellos, incluso en el momento previo a partir.