Joan Francesc Muñoz, ayer en Palma, se va en agosto a Los Ángeles para iniciar el programa. | Pilar Pellicer

Joan Francesc Muñoz (1992, Son Ferriol) se suma a la lista de prodigios que se dan a la fuga en busca de una oportunidad laboral. Recién doctorado en Ingeniería de Telecomunicaciones, y especializado en el campo de satélites y de la observación terrestre, a mediados de agosto inicia una nueva etapa en el Jet Propulsion Laboratory, subvencionado por la prestigiosa Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), en California. Durante al menos un año, continuará con su línea de investigación, muy ligada también al diseño de técnicas que permiten medir la Tierra de forma sostenible.

¿Cómo fue el proceso para acceder a un programa de la NASA?
— El Jet Propulsion Laboratory y NASA realizan cada año programas de postdoctorado. Pero uno de los requisitos era estar en la etapa final del doctorado y, por otro lado, experiencia. En mi caso, he publicado muchas publicaciones científicas –siete artículos propios y seis como coautor. También valoran las publicaciones en conferencias de relevancia internacional. Además me ha ayudado mucho haber trabajado durante siete años en un laboratorio (NanoSat-Lab, de la Universitat Politècnica de Catalunya). Estos programas, al final, buscan gente con potencial y con una formación elevada.

¿Y en qué línea trabajará?
— En la misma. Mi doctorado ha tratado sobre la observación terrestre en general, que es el problema del siglo XXI y será el del siglo XXII. Ahora se ha superado la pandemia con una carencia en investigación, que ha hecho que tardemos más en combatir el virus, pero es que con el cambio climático será similar. Los científicos de todo el mundo comenzaron hace menos de 20 años a ver realmente, con calidad, los efectos gracias a los satélites. Realizar estas medidas salen caras y requieren gente muy buena. Mi tesis, y la línea de investigación, de alguna manera, lo que intenta es proponer unas técnicas que se emplean últimamente y que propone instrumentos miniaturizados con tal de abaratar costes y hacer las medidas mucho más sostenibles y que sean fácilmente reemplazables –si se rompiera un cohete. Y por otra parte, la introducción de la Inteligencia Artificial (IA) para conseguir esos instrumentos más económicos y que con IA pueden llegar a ser casi igual de buenos que instrumentos millonarios.

Dice que su especialización está muy ligada al cambio climático.
— El sensor remoto mide las propiedades de una cosa que observas sin intervenir físicamente. Medir la tierra con intervención física resulta insostenible, pero con un satélite que da vueltas por la tierra y mida propiedades del hielo, por ejemplo, es sostenible. Lo que pasará en los próximos años en cuanto al cambio climático se podrá explicar una vez tengamos más datos. El problema principal de la Tierra se debe a la salinidad en el Océano debido al deshielo en el Ártico. Lo que se ve es que el intercambio de temperaturas está comenzando a variar y puede acarrear consecuencias catastróficas. El hecho de observar y sacar datos permite determinar hacia dónde está el problema y cómo tomar acciones.

Se suma a la lista de ‘fuga de cerebros’. ¿Cree que algún día España recuperará sus talentos?
— La financiación y el apoyo a la investigación son los principales problemas. Miras a Europa y a otros países y ves que quieren incentivar a investigar. Ser investigador, en España, no sale rentable porque vas por becas, no tienes salario fijo, tienes mucha precariedad en el sentido de que no tienes una continuidad; no existe el llamado contrato indefinido. Y los que hacen el doctorado aquí es porque tienen claro que quieren acabar en el mundo académico. A mí me encantaría vivir en Mallorca, pero allí, en Estados Unidos, hay oportunidades que aquí no puedes ver. Ojalá que algún día pueda decir lo contrario.