Sobre estas líneas, un grupo de ‘balladors’ en Santa Clara en el verano de 2019. | Paco S. Pérez

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Las federaciones de baile de Mallorca solicitan ampliar su actividad social y cultural. Las salas de baile de salón afiliadas a la Federació Balear de Ball Esportiu (FBBE) demandan no estar sujetas a las mismas restricciones que el ocio nocturno. Por su parte, el grupo Balladors de Es Raiguer, adherido a la Federació de Música i Ball Mallorquí, protestan por la suspensión de la ballada popular programada para el próximo sábado en Marratxí.

Pese a formar parte del mismo sector que las discotecas –comparten convenio colectivo y código en el CNAE (Clasificación Nacional de Actividades Económicas)– los propietarios de las salas de baile de salón defienden que «aunque se nos considere una sala de baile social no pueden compararnos con una discoteca», declaró Toni Barceló, propietario de la Sala Stil en Campos y presidente de la Federació Balear de Ball Esportiu.

Desde el mes de febrero las salas retomaron su actividad deportiva con las clases de baile entre semana, tanto para los federados que compiten en baile deportivo como para los aficionados a la danza. Ahora bien, desde marzo del 2020 permanecen cerradas durante el fin de semana, cuando, antes de la pandemia, su actividad era nocturna. Asimismo, denuncian que algunos hoteles publiciten ofertas en las que se incluyen sesiones de baile: «Hay incongruencias que rozan lo increíble», espetó Barceló, «tengo clientes que me han pasado audios mientras bailan en algún hotel de la Isla. No tiene ningún sentido».

Los propietarios sostienen que buena parte del público que asistía a las salas durante el fin de semana era el mismo que entrenaba entre semana: «Casi todas las parejas son convivientes y la mayoría son mayores de 50 años, por lo que casi todos están vacunados. En septiembre presentamos un protocolo en el que nos abríamos a llevar un registro sanitario, a no vender bebidas alcohólicas y a cambiar a un horario de tarde, todo lo que demandasen, pero no hubo manera», explicó Juan Luis Iglesias, secretario de la federación.

«Yo tengo el negocio dado de alta como sala de baile, aunque creo que tendrían diferenciar: no somos ni una discoteca ni una sala de fiestas. Antes de la pandemia abríamos todos los sábados sin excepción, algunos viernes montábamos eventos y a las dos de la madrugada cerrábamos la sala», afirmó Miquel Daniel Domínguez, propietario de la sala PalmaBall, en el polígono de Son Castelló.

Por su parte, el grupo de ball de bot Balladors de Es Raiguer denuncia la suspensión de la ballada que habían organizado para el próximo sábado. Según explica el presidente del grupo, Diego Fernández, en diciembre solicitaron realizar un baile y el Ayuntamiento de Marratxí les requirió un seguro de responsabilidad civil.

«El pasado viernes hablé con el regidor de Cultura de Marratxí, Josep Ramis, y solicité un cambio de plaza y un aumento del aforo, dado que la situación había mejorado. Me dijeron que no habría problema y anteayer me llamaron para decirme que el ingeniero técnico había denegado la actividad por considerarla inadecuada. Si desde 2020 un ingeniero técnico no ha podido realizar un informe, ¿cómo funciona el Ayuntamiento?», declaró Fernández.