La comisión judicial ha cerrado el Hat Bar. | R.S.

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El Hat Bar, en la cima de la popularidad a raíz del polémico episodio vivido una noche por la presidenta de Baleares Francina Armengol y varios acompañantes, cierra sus puertas para siempre arrastrado por la crisis que atraviesa el sector a causa de las restricciones derivadas de la pandemia.

Poco después del mediodía de este lunes se ha producido el desahucio ordenado por un juzgado de Palma, y que ha supervisado la Policía Judicial mientras los propietarios del extinto negocio observaban frente a la puerta cómo dos hábiles cerrajeros hacían su trabajo en un santiamém.

Hasta que ha llegado ese momento de retirar la antigua cerradura, los que han sido dueños del bar han permanecido en el interior de este local, que hace años fue una tienda de bolsos y, antes incluso, una cerería que surtiría de velas a los feligreses de las cercanas iglesias de Sant Felip Neri, Sant Miquel y la Mercè, ha relatado un vecino.

La faena ha llamado la atención de cuatro vecinos que se han parado ante la puerta del Hat Bar para curiosear. Alguno de ellos se han entristecido al conocer que el negocio cerraba y otros se han alegrado al considerar que así terminan las noches de insomnio por el «follón y ruidos hasta altas horas de la madrugada».

Uno de ellos ha explicado casi murmurando, que el propietario del Hat Bar tuvo que pagar, según le aseguró él mismo, una multa de 7.000 euros por aquel incidente de la presidenta y que, a partir de lo ocurrido, perdió mucha clientela.

Otro ha apostillado que la presidenta reside en el barrio y que, desde entonces, no la ven pasear con su perro por la calle del Sant Esperit, donde solo resisten a la crisis una tienda de comidas para llevar, otra de fotos y la sauna Spartacus.

Este bar del centro de Palma que Armengol hizo célebre, se suma a la lista cada vez más extensa de locales que han quebrado tras trece meses de pandemia y restricciones que han desgastado al sector de la restauración, que insiste en flexibilizar las medidas.

El pasado 22 de octubre, el diario Ultima Hora sacó a la luz la 'noche de copas' de la dirigente socialista, quien fue vista sobre las dos de la madrugada en el exterior del Hat Bar, un local al que sancionaron por exceder el horario de apertura hasta la una de la madrugada.

El dueño del local relató entonces que dejó la puerta de su local abierta por si Armengol y sus acompañantes necesitaban ayuda para reanimar a uno de ellos que se encontraba mal. La Policía Local, que se personó en el lugar tras recibir una denuncia telefónica de algún vecino, sancionó al dueño.

Los partidos de la oposición, de inmediato, pidieron la dimisión de la presidenta Armengol, cuyas disculpas por el mensaje de «relajación social» que generó no llegaron hasta pasados tres días.

Los hosteleros de las Islas también criticaron la «salida de copas» de Armengol, quien el pasado octubre, con unos 3.000 contagios activos y más de 300 fallecidos por el virus en Baleares, apeló a la responsabilidad ciudadana para 'salvar la Navidad'.

Este episodio, sumado a las severas restricciones que han afectado a la restauración de Mallorca, ha propiciado la crispación del sector hostelero, que meses después sigue reprochando las incongruencias en la gestión del equipo de Armengol.

La semana pasada el veterano bar Can Àngel de la calle Sant Jaume de Palma colgó el cartel «se traspasa» a modo de epitafio, y ahora cierra al Hat Bar, después de algo más de cinco años sirviendo consumiciones a sus clientes.