Inmaculada Benito afirma que CEOE y Gobierno tienen la obligación de impulsar la competitividad. | Javier Jiménez

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Inmaculada Benito (Salamanca, 1967) lleva ligada a organizaciones empresariales turísticas y hoteleras desde 2002. Llegó a ocupar la presidencia de la Federación Hotelera de Mallorca, entre otros cargos. Este bagaje turístico fue lo que motivó que en enero pasado el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, se fijara en ella para nombrarla directora de Turismo, Cultura y Deporte.

¿Deben Canarias y Balears capitalizar la mayor parte de los fondos europeos por haber sido las zonas más castigadas por la COVID ?
—No hay duda de que estos territorios, por el peso que supone el turismo en su PIB, han sufrido el golpe más duro de la pandemia. Y es lógico que, con criterios como la evolución de la facturación, sean lugares en los que hay que extremar la ayuda pública a las empresas. Sin embargo, con esos mismos criterios, hay que tener en cuenta que el daño que está haciendo la COVID-19 al tejido empresarial y, en concreto, en el sector turístico es transversal. La pregunta clave será si la cantidad de estas es suficiente. La respuesta sería no.

¿A qué achaca que el Gobierno no trate a la industria turística como sector estratégico?
—Desde luego que desde CEOE estamos trabajando en este sentido. El sector turístico es muy resiliente y tal vez esa fortaleza ha sido, hasta la fecha, su principal debilidad. Una de las evidencias que deja la crisis, además de la alta vulnerabilidad, es la dependencia de nuestra economía del turismo, y algo de lo que se habla menos: la necesidad de la sociedad de disfrutar de vacaciones como fuente de salud que tiene repercusión, no solo a nivel mental y espiritual, sino también en la mejora de la productividad país. En CEOE llevamos meses trabajando para no solo conseguir ese posicionamiento, sino también para mantener la competitividad en el nuevo escenario postcovid. No solo sobrevivir sino también ser mejores.

¿Cómo analiza la actual colaboración pública-privada?
—Creo que hay que evolucionar el concepto. Ahora la colaboración no basta. Además, tiene que haber transparencia, generosidad, compromiso e implicación, es decir, un trabajo conjunto. En otras ocasiones lo he denominado complicidad público-privada. Me parece más adecuado. Las relaciones entre las empresas (empresarios y trabajadores) y la Administración, entre las empresas entre sí, y entre las mismas administraciones, han de evolucionar. Los métodos de trabajo y el ejercicio del lobby deben adaptarse a la nueva economía.

¿Qué opina de la lentitud del plan de vacunación?
—La campaña está siendo lenta. La vacunación es la garantía de la vuelta a la normalidad, pero con los niveles que ya tenemos, con los colectivos más vulnerables ya vacunados, hay que luchar por volver al trabajo. Lo que no nos podemos permitir es una nueva saturación del sistema sanitario. La economía no puede seguir paralizada y las personas no pueden seguir privadas de la libertad de movimientos. Además de la vacunación, el certificado europeo será un paso más.

¿Son entendibles los vaivenes que hay entre las autonomías a la hora de aperturas y cierres?
—Sin valorar en absoluto las decisiones, hago una reflexión. Hemos estado pidiendo criterios homogéneos en las restricciones a la movilidad en Europa y no los hemos tenido a nivel regional. No es solo un problema empresarial, sino de credibilidad y confianza. Ambos son imprescindibles para mover la economía.

¿Apuesta por los corredores seguros entre regiones europeas?
—La conectividad punto a punto es lo que va a marcar la recuperación. Por eso, es imprescindible establecer mecanismos que favorezcan esa movilidad. Los corredores son parte de ella. Todas las rutas en el continente, con la implantación del certificado europeo y protocolos, se deberían convertir en corredores guros.

¿PCR o test de antígenos a los turistas que lleguen a España?
—Lo importante es que se garantice la seguridad, con criterios claros y accesibles, que no supongan una desventaja comparativa entre destinos. Son los científicos quienes deben marcar las pautas.

¿Debe haber más consenso a nivel estatal para reactivar la economía?
—Ahora solo se puede avanzar con inteligencia colectiva, no con inteligencia individual, ni acciones partidistas, ni ideológicas. Ni la sanidad ni la economía entienden de ideologías en plena crisis. Es pasar del individualismo al trabajo en equipo en un escenario de incertidumbre y con jugadores públicos y privados.

¿Es lógico que se apliquen en esta coyuntura impuestos turísticos?
—Desde luego que no. Hay que apoyar al tejido empresarial para que pueda regenerarse y volver a la operación. Eso se puede hacer con ayudas directas, como se está planteando, pero también se puede hacer reduciendo las cargas a las que las empresas están sometidas.

¿Los ERTE deben prorrogarse hasta final de año?
—Las empresas necesitan apoyo durante, como mínimo, todo el año 2021. Y algo más importante, necesitan poder trabajar. Cuanto antes estén operativas menos ayudas serán necesarias. Y mayor será la estabilidad social con la recuperación de los niveles de empleo.

¿Qué temporada turística vislumbra usted?
—La temporada va a ser floja. Creo que todos firmaríamos si llegáramos al 50% de los ingresos de 2019.

¿Puede haber cambio de modelo turístico?
—Yo creo más en la evolución que no en el cambio a capricho o la denostación de lo que funciona. La pandemia, como cada ciclo económico, deja aprendizajes. En este caso los aprendizajes son mayores porque el ciclo está marcado por una pandemia sanitaria que ha provocado un crack mundial.