Lamine, el hombre que cruzó el Mediterráneo para curarse

| Palma |

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Lamine interpreta wólof y francés en los juzgados mientras sigue formándose.

Lamine interpreta wólof y francés en los juzgados mientras sigue formándose.

Jaume Morey

«Tenía tres opciones: morir en Senegal, morir en el mar o llegar vivo a España para curarme». Lamine Mbengue tiene 54 años y la suerte le ha acompañado desde que cruzó el Mediterráneo en patera para tratar su gangrena en el pie izquierdo debido a la diabetes.

El 27 de octubre de 2012 llegó a Mallorca, el día que se cumplían 15 años de la muerte de su padre por la misma enfermedad. Hoy es intérprete de wólof y francés en los juzgados de Palma y un insaciable estudiante.

Decisión

Lamine regentaba una tienda de artesanía en Dakar, la capital de Senegal. Es padre de una chica de 21 años y de un varón de 23, ambos interesados en estudiar enfermería y medicina respectivamente.

Con el paso del tiempo se le gangrenó una pierna y, cuando acudió a su hospital, «los médicos me dijeron que me tenían que amputar media, pero costaba 3.000 euros y yo no tenía dinero, así que unos amigos me recomendaron viajar a España porque allí me podrían ayudar».

No se acuerda bien cuánto tiempo pasó en alta mar, aunque calcula que una semana hasta la isla de Gran Canaria. Lo que sí recuerda es que «hizo tan mala mar que pensamos en regresar, pero finalmente continuamos. Yo me encontraba muy mal, me pasé todo el viaje durmiendo y con mucho dolor en el pie. Ya todo me daba igual, si morir o llegar vivo», cuenta.

En tierra canaria, Lamine explica que la Cruz Roja le trasladó a un hospital para limpiar la gangrena y estabilizar sus niveles de diabetes. Al cabo de dos semanas al cuidado de los voluntarios, continuó su camino hasta Mallorca con otro grupo de senegaleses. Un conocido le acogió en su garaje, en s’Arenal, unos meses hasta que la enfermedad de Lamine empeoró y tuvo que ser trasladado a Son Llàtzer, donde le volvieron a limpiar la gangrena.

Su tercera parada sería la Casa de Familia, del IMAS, gracias a la ayuda de Càritas Mallorca. Su estado mejoró e incluso acudió a una clínica para tratar las cataratas, ya muy avanzadas. «En este albergue estuve casi tres años, intentaba ganar un poco de dinero trabajando aparcando coches. Era una manera de poder tomarme un café sin pedir dinero a nadie». Lamine también aprovechaba para ir a la biblioteca de la Misericòrdia. Aprendió el castellano en la Casa de Familia, a través de la televisión, haciendo cursos en Càritas y leyendo mucho.

Todo cambiaría a principios de 2014. Empezó a salir pus de su pie. La gangrena volvía a revelarse y el día 6 de enero definitivamente le amputaron. «Los médicos de Son Espases me avisaron de que si no me cortaban media pierna podría morir. Mi enfermedad ya estaba muy avanzada». La amputación para Lamine fue una especie de alivio, de liberación: «Sentí la operación como si me quitaran un peso de encima que arrastraba desde hacía ocho años».

Amor a primera vista

Del poco dinero ahorrado aparcando coches pudo pedir a su familia en Senegal que le enviaran figuritas, pulseras y collares para empezar a venderlas en la Rambla. Fue un día cualquiera de 2015 cuando conoció a Lourdes, su esposa desde 2017. «Nos enamoramos. Lourdes es lo mejor que me ha pasado en la vida», se sincera. Viven juntos en una casa con siete gatos: Chinito, Slampa, Valentina, Danonino, Yahoo, Shakila y Sai Sai (que en la lengua de Lamine significa «cabroncita»). Su mujer, expresa, «me ha dado alas para realizar mi sueño, que es aprender».

Ha podido sacarse varios cursos en Càritas, como el de Atención al cliente o Informática. También tiene el nivel 2 de Auxiliar administrativo, pero desde hace un tiempo trabaja para la empresa Seprotec interpretando wólof y francés en los juzgados.

Ha visitado a sus dos hijos en tres ocasiones, aunque la gente del barrio le mira como si tuviera una maldición. Lamine suele explicarles que no, que es una enfermedad como otra cualquiera. «Ya he ayudado a mucha gente a demostrarles lo importante que es que no se escondan, que vayan al hospital a curarse».

Lamine es un hombre querido. Se le reconoce con facilidad por su altura de jugador de basket apoyado en una muleta. Sus hijos lo consideran un héroe.

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Mariano J.
Hace 26 días

Todo un ejemplo a imitar. Por desgracia, la diabetes es una de las peores enfermedades que martiriza al Continente Africano. ¡Mucho ánimo, Lamine!

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Arlequina
Hace 26 días

Me alegra mucho por él. España es un país generoso y hospitalario. Lástima que no suceda lo mismo con los españoles que viven en algunos países que son tratados como parias, por ejemplo ahora mismo en UK

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gabriel
Hace 26 días

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