Salces posa en su domicilio para esta entrevista. | Redacción Local

Manuel Salces Gallardo (Sevilla, 1955) lleva más de 50 años residiendo en Santa Ponça (Calvià) siendo uno de los vecinos más conocidos de la Urbanización Galatzó. Marido, padre de dos hijos y con tres nietos. Al pequeño, Bruno, lo vio por primera vez cuando le dieron el alta. El pasado 23 de marzo ingresó aquejado de los pulmones en el Hospital Son Espases y en apenas dos días le trasladaron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) donde pasó 159 días, más de cinco meses. Cuando recibió el alta se convirtió en el paciente español que más tiempo había permanecido en una unidad de críticos aunque esta pandemia ha sido capaz de seguir registrando nuevos récords. Cocinero de profesión, aunque ya está jubilado, esta semana se ha sentido con fuerzas para atender su primera entrevista. Con 40 kilos menos, asegura que su vida postCOVID ya no es la misma. A pesar de lo vivido (Salces es uno de la decena de pacientes que se han reinfectado por el virus) se muestra efusivamente agradecido con su familia, con sus vecinos que le recibieron con aplausos y, sobre todo, con los profesionales del hospital de referencia.

¿Cómo se encuentra?
— Gracias a los profesionales de Son Espases a día de hoy me encuentro bien y rodeado mi familia, que es lo más importante.

¿Sabe cómo se contagió?
— No, la verdad que no lo recuerdo. Me dijeron que debió de ser durante la primera semana que estuve en aislamiento.

¿Cuándo le detectaron la COVID?
— Por desgracia, y nunca lo olvidaré, me la detectaron el mismo día que me ingresaron en Son Espases, que fue el 23 de marzo.

¿Cómo fue la transición desde que le dijeron que era positivo hasta que termina en UCI?
— Fatal. De repente te encuentras en un hospital solo, sin nadie que te acompañe ante una enfermedad... rara, de la que poco se sabe. De repente te informan que debes pasar a UCI para atenderte mejor y de estar ahí dentro no recuerdo nada.

¿Qué recuerda de cuando despertó?
— La verdad es que casi nada. Tengo la imagen de los cables por todo, del personal totalmente cubierto por las EPI y recuerdo sentirme desorientado.

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¿Cuánto tardó desde entonces hasta que le dieron el alta del hospital?
— En UCI estuve 159 días, el mes de septiembre pasé a planta y me dieron el alta en octubre.

Cuando Manuel Salces salió de la UCI e ingresó en planta, recibió el emocionado aplauso de familia y profesionales.

¿Tiene secuelas?
— Sí, tengo secuelas físicas, principalmente de movilidad. He perdido mucho peso y a día de hoy sigo haciendo rehabilitación.

¿Cómo es su vida ahora?
— Mi vida ha cambiado un 100 % desde que di positivo en COVID. Yo siempre he gestionado mi hogar y he ayudado a mi familia: hacía la compra, cocinaba, estaba con mis hijos... Mi día a día ahora se basa en las curas con el personal de enfermería y las sesiones de rehabilitación. Antes era una persona independiente y ahora soy dependiente de terceros en tareas que son básicas.

Sus vecinos le prepararon un cálido recibimiento de regreso a casa.

¿Le hacen un seguimiento?
— Sí, actualmente me visita la enfermera de zona tres días a la semana y también la rehabilitadora, en este caso un par de veces, para recuperar movilidad porque tengo muy mal las rodillas, aparte de los controles que me hacen en Son Espases.

¿Qué le diría a los que niegan la pandemia?
— La verdad es que no les diría mucha cosa. Sólo espero que no tengan que pasar por la experiencia que hemos vivido mi familia y yo durante todo este tiempo.

¿Podría indicar algo positivo de la terrible experiencia que ha pasado?
— Me hubiese gustado conocer al personal maravilloso de Son Espases en otra situación. Lo único bueno de estar en un hospital es, sin duda, los trabajadores que hay en él. Tengo pendiente muchas invitaciones y meriendas que les quiero llevar cuando mejore todo.

¿A dónde más le apetecería ir?
— Cuando se pueda volver a ir a los restaurantes tengo claro que visitaré Sóller con toda la familia.

Llegada a casa en ambulancia.