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Patricia Gómez, la consellera de Sanidad, dijo este domingo: «Puede haber indicios de un incremento de la cepa británica en Balears». En Ibiza, la consellera Pilar Costa, portavoz del Govern, decía el mismo día: «La cepa inglesa debe de estar detrás del aumento de contagios».

Las declaraciones de dos políticas de primer nivel en Balears el domingo 24 de enero, más de un mes después de que el resto de Europa constatara que la mutación británica del virus ya circulaba por sus países, nos hacen pensar en la posibilidad de que quizás el virus inglés pueda tener algún tipo de influencia en cómo llevamos la epidemia. Como si fuéramos a ciegas, sin hacer afirmaciones claras, porque parecería que no sabemos con precisión si es una cepa diferente o si seguimos siendo los ciudadanos los que nos regodeamos contagiándonos.

Observen que el responsable de analizar las variantes del virus, un especialista de Son Espases, nos había dicho todavía en diciembre, que él pensaba que esta mutación del virus ya estaba en Mallorca, pero que aquí no se había expandido. Esta extraña teoría la repitió en enero, y viene a decir que, aunque aquí en Balears hay gente con la mutación del virus, no contagia. O no consta que contagien. O sea que el virus, de una forma extrañísima, es muy contagioso en todo el mundo menos en Balears. Digno de un estudio científico.

Hasta que ahora, más de un mes después, los máximos responsables nos dicen que parecería que tal vez exista alguna posibilidad de que quizás, en una de esas, esta variante del virus esté aquí. Como si hubiera despertado, como si de pronto dijera «basta, vamos a atacar».

Francamente, lamentable. No por la gestión sino por la información. No por lo que nos dicen ahora, sino por lo que nos han mareado durante este último mes, sin razón alguna.
Nadie sabe dónde ni cómo ha surgido esta mutación del virus, pero se detectó primero en Londres y el sureste inglés. Es una mutación que se contagia un setenta por ciento más rápidamente y que tiene también una letalidad superior pero, afortunadamente, que queda dentro del abanico de cobertura de las vacunas al uso.

La primera noticia del virus se da el 14 de diciembre cuando el ministro británico habla públicamente de esta variante que, por supuesto, ya estaba circulando. El 21 de diciembre varios países europeos cierran sus fronteras. España lo hace el 22. Pero a nadie le consta que en Mallorca se haya buscado el listado de pasajeros de los aviones que llegaron a la isla entre el 15 de noviembre y el 21 de diciembre y se haya hecho un seguimiento de estas personas. Sólo sabemos que a principios de enero teníamos la mayor proporción de casos de esta variante de toda España, con el añadido inverosímil de que en Balears esta mutación no estaba contagiando.

Yo no envidio el trabajo que hacen nuestros políticos, teniendo que depender de una maquinaria ineficaz, anquilosada y rígida y trabajando en temas nunca antes explorados. Y tampoco teniendo que gobernar a gente pasional, visceral, emocional como somos los españoles. Pero el manual dice que hay dos cosas que no se deben hacer jamás: hablar de más o contradecirse. Hablar de más, porque hay información que es mejor que no conozcamos para evitar reacciones absurdas, y no contradecirse para evitar perder la credibilidad.

¿Por qué aquel empeño en culpar a la gente de los contagios, cuando probablemente estábamos ya ante este nuevo virus? ¿Cómo se puede explicar que la mutación del virus era inocua en Balears?

Mirar hacia atrás no nos lleva a ningún lado. Pero hacia adelante sólo hay un camino, en el que afortunadamente parece que también el Govern está embarcándose: vacunar, vacunar y vacunar. Si no hay vacunas suficientes, dado que Alemania se saltó a la Comisión Europea y las ha comprado directamente, creo que Balears debería ir por libre. Madrid tiene un plan de vacunación, pero nada dice que debamos atarnos a él, sobre todo porque no atiende nuestras urgencias. La vacuna de Astra Zéneca vale sólo tres euros. Hay muchos despachos de abogados que podrían comprarla –por una modesta comisión.