Las piezas de la pandemia aún se conservan. | Jaume Morey

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Los coleccionistas han empezado a interesarse por la moneda que surgió tras la pandemia que sufrió Mallorca en 1821, cuyo precio, se dice, se ha incrementado un 40 por ciento. Estas piezas se han convertido en objeto de interés en el contexto de pandemia actual. El lema que acuña estas monedas de 30 sous invita a considerarlas un amuleto: Salus Populis. O, lo que es lo mismo, ‘Por la salud del pueblo’.

Hace dos siglos exactos que Mallorca vivió dos pandemias consecutivas, la peste bubónica y luego la fiebre amarilla. La grave situación sanitaria obligó a incomunicar la Isla y se confinaron los pueblos. La peste hizo auténticos estragos y solo en Son Servera, donde se desató esta pandemia, falleció el 63 por ciento de los 1.648 habitantes del municipio. Se calcula que murieron 2.000 personas en la Isla. De hecho, el ermitaño Sebastià de Sant Pau de la ermita de Betlem (en Artà), murió tras cuidar a enfermos de peste. Aún se recuerda su figura.

Por si no fuera suficiente, en septiembre de 1821 se detectaron en la Isla «los primeros casos de fiebre amarilla, que estaban haciendo estragos en Comunidad Valenciana y Catalunya. Aquí se contabilizaron 5.000 muertos cuando la población de la Isla superaba apenas los 30.000», cuenta el numismático Emilio Trilla.

Aislados de la Península para frenar la transmisión de la enfermedad, los gobernantes insulares «recurrieron a la plata de iglesias y conventos para acuñar moneda propia y así sufragar los sueldos de funcionarios, soldadesca, hospitales, sanitarios y los campamentos de los infectados», revela Trilla.

palma monedas pandemia 1821 foto morey
Monedas sobre el libro de Jaume Boada.

Resurgir

Ahora, con la pandemia del coronavirus, esta moneda está viviendo una nueva vida. Según el coleccionista Andrés Barbier, «compré la moneda durante el confinamiento. Estas piezas te hacen viajar y me gusta estudiar el contexto. Esta moneda de 30 sous se podía comprar antes de la COVID por 160 euros y ahora está en 250 euros», revela. Las piezas autóctonas mejor conservadas pueden alcanzar los 300 euros.

Según Jaume Boada, autor del libro Les monedes de 30 sous mallorquins de 1821, se pusieron en circulación «42.543 monedas». El lugar elegido para acuñarlas fue el castillo de Bellver, y cuentan que los funcionarios de mayor rango se trasladaron a Valldemossa por seguridad.

Recientemente el Hospital Universitari Son Espases inauguró una exposición sobre la peste, gracias a un trabajo realizado por el Grup d’Investigació de la Història de la Salut. El coronavirus ha rescatado este episodio casi olvidado y revaloriza estas monedas.