El ‘Mein Schiff 6’ fue el último crucero registrado en Palma, el pasado día 14 de marzo. | Gabriel Alomar

29

El auge experimentado por el sector de los cruceros turísticos a partir del año 2000, con un crecimiento exponencial y sin precedentes, de hasta el 70 por ciento en diez años, se ha truncado con el brutal estallido de la pandemia del Sars-Cov-2. La nueva realidad sanitaria ha determinado un parón generalizado en la actividad, con excepción de algunos grandes buques operativos entre estrictas medidas de seguridad en Italia, Alemania y Grecia hasta la irrupción de la segunda ola en Europa.

Es el caso de Costa Crociere y MSC, que reactivaron notables unidades el pasado verano destinadas al cliente italiano y del espacio Schengen, en cruceros de ámbito nacional y con escalas en el país helénico y Malta. También Hapag Lloyd y Mein Schiff han ofrecido itinerarios por el Báltico. Por contra, en Gran Bretaña y también en Estados Unidos, la caída de la actividad ha sido total. Al igual que en España, con el agravante del envío de sus grandes unidades a un precipitado desguace. En el Caribe, en California, en las costas británicas y frente a los puertos italianos, con la vuelta al pico epidémico, se reúnen flotas enteras de cruceros fondeados a la espera de tiempos mejores. Y también en Canarias a cargo de los operadores Tui y Aida. Asimismo hay multitud de cruceros detenidos en Asia y unos pocos en activo.

Las principales navieras han fijado la vuelta operativa en primavera, si descienden los contagios. Pero anteriores desescaladas se han cancelado de forma sucesiva ante el cariz de los acontecimientos. Hay en todo el mundo más de 300 buques detenidos y cien mil tripulantes sin trabajo activo. Los costes de mantenimiento son astronómicos, con casi cero ingresos desde el pasado mes de marzo. Algunos operadores no lo han resistido, como la española Pullmantur o la británica Cruise Maritime Voyages. Y sus buques liquidados en subasta o vendidos para chatarra.

Se trata pues, de un panorama tan inesperado como desalentador para el sector, solamente comparable en el ámbito marítimo al sufrido durante las dos guerras mundiales. Una realidad observada con desánimo por armadores y miles de clientes, (y en Mallorca por la hostelería, la restauración, el comercio y el transporte público), aunque celebrada por un segmento de la población contraria a la masificación de turistas en el centro histórico y las emisiones.

El puerto de Palma no ha registrado ninguna escala de cruceros en diez meses. Y las 586 visitas previstas para este año se han reducido a unas pocas desde el 14 de marzo. Se calcula que cada visita genera un ingreso superior a 300 mil euros. Esta cifra no está exenta de polémica en un panorama con un pasado floreciente y que tal vez no volverá.

Todo ello invita a la reflexión, en especial con las controvertidas concentraciones de hasta ocho cruceros y 25.000 turistas en un solo día. Balears, por su posición geográfica y conexiones aéreas con Europa, había alcanzado uno de los primeros puestos del Mediterráneo en número de cruceristas, llegando al umbral de los dos millones, entre los de base y los de tránsito.

El desenlace a la actual y dramática coyuntura por ahora es una incógnita. Aunque de cumplirse la actual previsión, su presencia podría reanudarse coincidiendo con la temporada turística de primavera o verano, si descienden los contagios. Y se puede levantar el veto a esta actividad turística.

«Una previsión es difícil»

Ante las previsiones del sector, el presidente de la Autoritat Portuària de Balears, Francesc Antich, indica que «observando los últimos acontecimientos relacionados con la evolución de la pandemia, se hace difícil poder hacer alguna previsión de inicio de la temporada de cruceros para el 2021». Antich destaca ante todo la importancia de la seguridad sanitaria a la hora de recibir nuevos cruceristas: «Lo que sí podemos asegurar es que cuando lleguen los primeros cruceros, estos lo harán bajo las medidas de seguridad sanitarias acordadas por las administraciones competentes. Trabajamos para encontrar la mejor forma de compatibilizar la prevención de la enfermedad con la reactivación de este sector turístico».