Joan Miquel Riera, en una sesión de formación de Godly Play para docentes.

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Una decena de centros concertados de Mallorca están en condiciones de implantar el próximo curso el método Godly Play para la enseñanza de la asignatura de Religión. El colegio San José de la Montaña, en Palma, fue el primero en hacerlo, hace ya unos años, pero esta metodología, creada por Jerome Berryman a mediados del siglo pasado y basada a su vez en el método Montessori, se está extendiendo cada vez más desde su origen protestante entre los centros católicos, que lo adpatan a sus currículos.

Joan Miquel Riera, profesor de Religión de Secundaria y teólogo, explica que «el objetivo de Godly Play es crear un espacio de experiencia del hecho religioso en alumnos de hasta 12 años. Berryman, un británico presbiteriano profundamente religioso, tuvo la iniciativa innovadora de desarrollar la inteligencia espiritual del niño haciendo de la Biblia un juego». El Godly Play llegó a España de la mano de David Pritchard y consiste en la reescritura de 500 historias de la Biblia, acompañadas de material visual, para que sean accesibles al alumno sin perder su esencia.

Riera señala que «Godly Play interesa a los centros de Escola Catòlica por su potencial como herramienta innovadora de transmisión pastoral, no como imposición. Se necesita una formación para el profesorado de Religión que, en España, sólo se imparte en Madrid, Balears y Canarias. En Balears, ya tenemos a unos 50 profesores formados, pero para llegar a todos los centros de Escola Catòlica, con unos 75 colegios, sería necesario tener formados a unos 200 docentes, y ése es el objetivo».

Riera indica que «el currículum de Religión en Educación Infantil se limita a una sola página. Resulta difícil hablar de Dios o de un Cristo crucificado a un alumno de Infantil, pero Godly Play constituye una herramienta para hacerlo. Por ejemplo, hablando de la Crucifixión a un alumno de Infantil, le planteamos que la muerte tiene una parte positiva, una parte blanca, no es lo último y queda el recuerdo o la presencia de los seres queridos que hemos perdido».

Apunta que «no se trata de conducir al alumno hacia lo que queremos que piense. El profesor debe limitarse a crear espacios cómodos para la experiencia religiosa, además de ofrecer información sobre la Biblia».