Este supermercado de Pere Garau ha notado un descenso de ventas. | Redacción Local

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El responsable de negocios de la Embajada china en España, Yao Fei, advirtió el pasado martes que el enemigo común «es el coronavirus, no son los chinos». Era una llamada a evitar situaciones de discriminación con este colectivo que en Mallorca asciende a 5.378 residentes, de los que más de 3.500 están en Palma.

Sin embargo, «aquí los que acaban de venir de China se quedan en casa y no salen durante unas dos semanas por precaución», explica el restaurador Wetming Ye. «Nuestra misma comunidad se alarma y es lógico porque estamos en una época de crisis», añade el presidente de la Asociación China de Balears (Achinib), Fang Ji, desde donde hace una llamada a la calma.

«Lo curioso es que hay más paranoia entre los propios chinos. El coronavirus es monotema desde hace cosa de un mes», advierte Luis Felipe Lorenzo, asesor de esta comunidad en Palma. «Ya se notó en la fiesta de año nuevo. Había mucha gente pero vinieron menos chinos que en otras ocasiones. Nadie sabe por qué pero podría ser que estén más atentos y no quieran relacionarse entre ellos», añade.

Y es que a pesar de que en general los mallorquines siguen yendo con normalidad a restaurantes y comercios chinos, en algunos establecimientos aseguran que se ha notado cierto descenso de la clientela. «Muchos creen que la materia prima la traen de allí pero es local, hay mucha ignorancia», asegura Fang Ji. «Hay un poco menos de venta pero en Palma apenas se nota porque es una ciudad tranquila, no hay preocupación», explica el trabajador de un supermercado.

Por su parte, el restaurante Shi wei xian, ubicado en Pere Garau, no ha notado ninguna diferencia en su cliente a pesar de la epidemia de coronavirus en el sudeste asiático. «El fin de semana vino mucha gente», asegura Chen desde el otro lado de la barra.
Pero no ha sido así en todas partes: ha habido «un cierto bajón», explica el conocido empresario Toni Yoh. «No sé si por temor o por preocupación, sobre todo en los restaurantes porque sirven comida», añade.

Quejas por discriminación

A pesar de todo, Toni Yoh lleva unos cincuenta años residiendo en Mallorca y asegura que «nunca he vivido situaciones racistas». Lo que no significa que no se den. En la Asociación China de Baleares atienden a personas que han tenido problemas con su entorno y recientemente han recibido quejas de discriminación en el colegio. «A algunos les dicen que tienen el virus chino y los apartan», explica Fang Ji. «Lo que me enfada son los padres de los niños que les dicen que no jueguen con ellos», se queja. En todo momento habla de casos muy concretos pero «no se puede enseñar estas cosas a los niños», generaliza, «porque lo pasan mal».

De hecho, el colegio Jafudà Cresques, en el corazón de Pere Garau, aseguró no haber tenido ningún problema con los alumnos orientales. «Es más, hemos hecho actividades por el Año Nuevo chino porque son del barrio y forman parte de él, y no hemos detectado nada», explica la directora del centro, Aina Picó.

Y es que el presidente de Achinib advierte de que «hoy es en China pero podría pasar en cualquier otro país, también en España», y aseguró que en estos momentos de crisis, «se necesita más apoyo y confianza que nunca. La epidemia no es culpa de nadie».

En su contra juegan los bulos, la desinformación y las exageraciones. «La gente se cree cualquier cosa». A lo que cabe recordar que la reciente epidemia del nuevo coronavirus tiene una tasa de entre el 2 y el 3 % de mortalidad, que es muy baja, y no deja de ser una infección respiratoria con síntomas similares a la gripe. El problema que presenta este nuevo virus, según los expertos, es su alta mutabilidad o que podría dificultar el hecho de encontrar una vacuna o un antiviral.

Sin embargo, la reacción del país, que ya tuvo una experiencia similar anterior con la epidemia del SARS en 2003, ayuda a la contención. «Mi familia es de Qitai, un pueblo ubicado en la otra punta de Wuhan pero dicen que hay controles fuertes y no pueden salir de casa», explica el restaurador Wetming Ye. «Mi hermano que vive en España se ha ido de visita. Las carreteras están cortadas y vigiladas. Para salir necesitan un certificado y se hacen controles de fiebre», relata y concluye que se hace todo lo posible en la contención.