Dos de las tres crías observadas en un camino de Banyalbufar el pasado 3 de junio. | Marta Fernández

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Hasta 14 municipios de Mallorca han detectado la presencia de mapaches (Procyon lotor, ós rentador en catalán) desde sus primeras observaciones en la Isla, en Vilafranca de Bonany y Puigpunyent en 2006, y en Lloret en 2007.

La distribución de esta especie exótica invasora es muy dispersa, ocupando 14 municipios y una superficie aproximada de 872 kilómetros cuadrados, una cuarta parte de la extensión de Mallorca, según datos del Grup d’Ecologia Interdisciplinària de la UIB, con Samuel Pinya como investigador principal.

Hace solo dos semanas, tres crías fueron observadas en el Camí de sa Volta des General, en Banyalbufar. De hecho, el grupo de investigación de la UIB considera que la zona de Puigpunyent, Esporles, Banyalbufar y Estellencs son «uno de los puntos calientes» de la presencia de la especie.

Hay dos hipótesis, ninguna de ellas descartada, sobre la llegada y expansión de mapaches en Mallorca: la primera explica que varios ejemplares se escaparon de un núcleo zoológico de la Serra de Tramuntana y la segunda se refiere a ejemplares escapados de particulares que los tenían como animales de compañía.

El Govern, a través del Departament de Sanitat Animal del Consorci de Recuperació de la Fauna de les Illes Balears (Cofib), trabaja desde hace años en el control de la especie con la colaboración de la UIB. Se trata de un animal que come prácticamente de todo: invertebrados, reptiles, frutos, anfibios o pequeños roedores.

El mapache, originario del norte y centro de América, está catalogado como una especie exótica invasora, por lo que la Administración está obligada a actuar para su control y erradicación. Se cree que su llegada a Europa fue en 1927, año en que fue introducido en Alemania para la comercialización de su piel.

Samuel Pinya tiene claro que «las recientes imágenes de las tres crías en Banyalbufar muestran un grave problema que sufrimos en Baleares: la introducción de especies alóctonas invasoras».

Pinya señala que «parece que, de un tiempo a esta parte, se ven menos ejemplares, pero su población está muy dispersa y hay que tener muy en cuenta que, desde su primera observación en Mallorca en 2006, ya han transcurrido seis o siete generaciones, y que no tiene depredadores naturales, a no ser los humanos que puedan dedicarse a su captura.

En las hembras capturadas por el Cofib, se han observado hasta un 40 % de hembras lactantes. Con dos o tres años, ya tienen capacidad reproductora y se trasladan de un sitio a otro, prefiriendo en verano las zonas donde hay agua».

El investigador destaca la «importancia fundamental que tiene la colaboración ciudadana. Si alguien observa la presencia de un mapache, debe notificarlo al Cofib o a la Conselleria de Medi Ambient».