Enric Gonyalons trabaja actualmente en Palestina.

1

El cooperante mallorquín Enric Gonyalons (Palma, 1982) presentará este jueves en el salón de actos del Col·legi Sant Francesc, a las 19.30 horas, su libro Colombia: el largo camino hacia la paz. Perspectiva histórica (1978-2018), editado por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria. Gonyalons es licenciado en Historia y tiene un máster en Cooperación y Desarrollo. A pesar de su juventud, ya lleva una larga trayectoria como cooperante en Colombia, los campamentos saharauis (donde fue secuestrado) y Palestina (en la actualidad, tras diferentes períodos), además de vivir en Irlanda del Norte y el País Vasco.

¿Por qué este libro sobre Colombia?
— Colombia fue mi primera experiencia como cooperante en prácticas, durante el último semestre de 2008, en una de las zonas más conflictivas del país, dando apoyo a proyectos agrícolas de comunidades indígenas y afrodescendientes. He ido escribiendo el libro a lo largo de los años, con una última actualización en agosto de 2018. Doy mi visión sobre Colombia, su conflicto y las dinámicas del país a partir de mi experiencia allí, con un contacto muy directo con comunidades aisladas en la selva, donde se movían los grupos armados.

¿Por qué Colombia ha sufrido un conflicto tan prolongado, durante décadas?
— Por la falta de una reforma agraria que distribuyera las tierras, en manos de una oligarquía muy reducida. Por otro lado, el bipartidismo político no permitió la posibilidad de una opción progresista. Durante la presidencia de Belisario Betancur, en los años 80, se creó la Unión Patriótica como opción política progresista. Sus candidatos fueron eliminados físicamente. El país asistió a la aniquilación física de una opción política. Ahora se ha dado una salida política a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC– con una opción con sus siglas: Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

¿Qué papel jugó el narcotráfico, también violento, en el conflicto?
— Nunca tuvo un interés real en que se solucionase el conflicto. Mientras el Ejército estatal estaba ocupado con los grupos paramilitares y las guerrillas, no podía centrarse en el narcotráfico.

¿Y las guerrillas se beneficiaron de algún modo del narcotráfico?
— Pudieron hacerlo al cobrar por dejar pasar la cocaína por las rutas del narcotráfico. Durante la presidencia de Álvaro Uribe, entre 2002 y 2010, se acuñó el término «narcoguerrillas». Me parece una visión muy simplista. He tenido la oportunidad de hablar con mandos guerrilleros desmovilizados y han negado una relación directa entre narcotráfico y guerrillas. No he llegado a tener una visión muy clara de esta cuestión, muy debatida y politizada, pero, al ser tan grandes las partes implicadas en el conflicto, no sería extraño que todas ellas tuvieran alguna relación con el narcotráfico. Aun así, no me atrevo a ser categórico.

Pero las comunidades han podido vivir del narcotráfico...
— Sí, el cultivo de cocaína ha sido una salida para una población en una situación de desesperación absoluta.

¿Están desactivados los paramilitares?
— Uribe llegó a acuerdos para desmovilizar y desarmar a la cúpula paramilitar, pero los mandos intermedios pasaron a competir entre ellos y han acabado siendo considerados como bandas criminales, menos ideologizadas. En las negociaciones de paz no tienen el estatus de fuerza beligerante ni el derecho a negociar. Están activas en algunas regiones, del mismo modo que lo está la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, que el pasado enero cometió en Bogotá un atentado con decenas de muertos.

¿Llegará Colombia a una pacificación defintiva, aunque sea a medio plazo?
— Es complicado. Se ha dado prioridad a negociar con las FARC, pero permanece el Ejército de Liberación Nacional como segunda guerrilla. El actual presidente, Iván Duque, un delfín de Uribe, tiene una visión militarista: la solución es acabar con paramilitares y guerrillas, y ya está. No está abierto a concesiones, lo que lleva a pensar que estos conflictos pendientes van para largo.

¿Las comunidades campesinas no han expresado su hartazgo por un conflicto tan largo o no tienen la posibilidad de hacerlo?
— Las comunidades rurales e indígenas se han visto inmersas en el conflicto sin quererlo. Sólo por el hecho de estar en zonas de paso de los grupos armados se ven sometidas a reclutamientos o represalias. Son víctimas sin ser partes activas del conflicto.

Pero existen las llamadas comunidades de paz.
— Sí. Las comunidades de paz se niegan a dar su apoyo a ningún movimiento o grupo armado. Expresan su neutralidad, aunque se vean expuestas a represalias. En buena medida han alcanzado sus objetivos porque cuando algún grupo armado ha violado esa neutralidad, ha recibido críticas muy duras. Y ahora las tienen en cuenta.