Jesús C. Guillén defiende que el verdadero proceso de transformación requiere de toda la comunidad educativa. | JOSE LUIS FERNANDEZ

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Jesús C. Guillén (Barcelona, 1972) es astrofísico, experto en Neuroeducación y ponente. Guillén participará en las jornadas del Projecte Aula (PAula), que tendrán lugar este viernes 16 y sábado 17 en el Teatre Xesc Forteza de Palma. La inscripción está abierta hasta mañana.

¿Qué dirá en su conferencia?
— Hablaremos sobre la incidencia de los procesos atencionales, como se vinculan emoción, atención y aprendizaje, y qué factores pueden optimizar la atención, que es una construcción más compleja de lo que se creía antaño. Analizaremos, por ejemplo, cómo lo lúdico o el movimiento o el mindfulness pueden mejorar el proceso atencional.

Para los principiantes, ¿qué es la neuroeducación?
— Es un enfoque integrador y transdisciplinar en el que confluyen los conocimientos suministrados por la neurociencia pero también por la psicología, la pedagogía... el objetivo es mejorar los procesos de incidencia en los procesos de aprendizaje basándonos en lo que vamos aprendiendo sobre el funcionamiento del cerebro. A nosotros nos gusta decir que la neuroeducación consiste en acercar la ciencia al aula.

¿Por qué es importante saber cómo funciona el cerebro para mejorar procesos educativos?
— ¿Podríamos diseñar unos guantes sin haber visto nunca unos dedos? Sería complicado, ¿verdad? Pues esto es lo mismo. No podemos enseñar sin tener conocimientos sobre el órgano que gestiona el aprendizaje.

Hasta ahora estos conceptos no se han tenido muy en cuenta.
—Por eso es importante acercar las ciencias al contexto educativo, muchas veces estas investigaciones no harán más que confirmar lo que el buen profesorado siempre ha sabido, pero es importante conocerlas y saber por qué funcionan esas estrategias.

El concepto de neuroeducación, ¿puede ayudar a que las personas con déficit de atención mejoren sus capacidades?
— Sí, la ciencia va sugiriendo ciertas estrategias que parece que, más allá de los fármacos, funcionan en las personas con TDAH. Por ejemplo, hablan de la importancia del movimiento cuando resuelven las tareas, paseos por entornos naturales, del taekwondo como práctica beneficiosa...

Usted ha sido profesor de secundaria, ¿qué conceptos de neuroeducación ha aplicado en sus clases?
— El elemento principal es la emoción y la educación emocional, que entra en consonancia con la naturaleza social del aprendizaje. En el aula es básico que los estudiantes cooperen, y cooperar es más que trabajar en equipo, requiere tiempo. También se han visto resultados muy positivos en lo que se llama la tutoría entre iguales, que es que los alumnos hacen de profesores de sus propios compañeros y les enseñan conceptos. Todo esto son técnicas que, por supuesto, van en consonancia con la programación que tenemos a la hora de aprender.

¿Qué consejos les da a los profesores que quieran aplicar la neuroeducación?
— No hay recetas milagrosas, todo requiere formación, leer sobre el tema. Sí diría que cooperen con otros profesores y que tengan en cuenta que hay vida más allá de lo puramente académico.

¿Cree que hay conciencia de la necesidad de cambiar la metodología?
— Hay esa inquietud y no sólo entre el profesorado, sino entre las familias también se observa un intento de adaptar la educación a los nuevos tiempos.

¿Y en las instituciones, hay voluntad?
— Hay que hacer un esfuerzo para tener en cuenta estas necesidades. Son importantes los cambios a nivel curricular. Si cambias la metodología pero no cambias la manera de evaluar, no haces nada.

¿Qué opina de las jornadas PAula?
— Es fantástico, el verdadero proceso de transformación requiere de toda la comunidad educativa.