Los diputados electos Carles Puigdemont, Clara Pontasí y Lluís Puig, participaron telemáticamente desde Bruselas en la reunión celebrada en el Parlament por el grupo parlamentario de Junts per Catalunya y presidida por Josep Rull, Jordi Turull, Elsa Artadi, Lluís Batet y LLuís Guinó. | Toni Albir

8

El conflicto catalán ya ha entrado en el pantano del absurdo. Puigdemont aspira a ser elegido vía plasma y gobernar desde Bruselas. Es inaceptable para Rajoy, para los partidos constitucionalistas y para el poder judicial español. Si este espectáculo se produjese, Rajoy no tiene otro remedio que recurrir el 'nombramiento' , seguir manteniendo el artículo 155 y forzar unas nuevas elecciones a pesar de su partido se encuentra varado en el Grupo Mixto del Parlament catalán. Es lo que está esperando Puigdemont, que eligió este terreno desde que decidió escapar al 'exilio' bruselés, dejando descolocado al Gobierno de Madrid. No es nuevo: en el pasado ya lo hicieron Prim, Macià, Companys y Tarradellas.

Todo es un absurdo en sí mismo. Pero cuanta más nebulosa haya, mejor para Puigdemont y para los independentistas. El sentido común señala que la salida sería que los independentistas eligiesen un nuevo president o presidenta, 'limpio' -o casi- de los hechos del 1-O y de la proclamación de la independencia unas semanas después. Un nuevo president de la Generalitat con el que se pudiera establecer un diálogo desde la premisa básica de la renuncia a seguir dando batalla con la separación de España a cambio de restituirles la autonomía.

Eso dicen las reglas de la lógica. Pero Puigdemont no actúa con lógica, sino con la astucia de quienes saben manejar los sentimientos de su electorado. Sólo así se entiende que su partido superase a Esquerra Republicana el pasado diciembre. Para el votante independentista pesa mucho más un líder en el extranjero que otro en la cárcel que se presentó voluntariamente a declarar ante la Audiencia Nacional. La política es para los listos, no para los que se llenan de autoridad moral y se creen intocables.

Puigdemont se fue burlando a Rajoy y llevándose el 'asunto' catalán a Bruselas. Y demostró la falta de reflejos de Mariano, que creyó que aplicando de manera solemne y contundente un artículo de la Constitución ya había resuelto el problema. Desde la óptica del juego de los pillos, fue un craso error. Los independentistas mantienen la mayoría absoluta en escaños y vuelven a tener la presidencia del Parlament mientras el pobre García Albiol no puede formar Grupo Parlamentario. Ciudadanos no es un peligro parlamentario para los independentistas (que tienen muchos más escaños) pero sí han armado la revolución en el conjunto de España dentro del ámbito del centro derecha. De pronto, el PP parece que se ha convertido en un partido viejo y sin reflejos,

Otra de las batallas que piensa ganar Puigdemont es el de las acusaciones de rebelión y sedición. Se sabe presentar en Europa como un Gandhi que persigue pacíficamente sus objetivos, mientras que desde Madrid le muestran como a un Tejero, que asaltó el Congreso en 1981 pistola en mano. Porque la verdadera batalla, la que cuenta y decide, la de la imagen y la propaganda, sigue librándose en el corazón del Continente, no en la Península. Por eso Puigdemont espera que en España se quiebre algún eslabón, como por ejemplo sectores del PSOE que decidan negociar con él o con su partido puenteando a Rajoy. Ahí está otra de las dianas de este pulso inacabable.

Mientras, en Europa alucinan. ¿Cómo es posible que no exista ni la más mínima relación, ni política ni personal, entre los presidentes de España y Catalunya? Y no de ahora, sino desde hace más de un lustro. Ahí está otra de las claves. Desde Bruselas se puede hacer muchísima política, por mucho que eso suponga mantener los puentes rotos e incremente la tensión. Al fin y al cabo, lo único que tiene que perder Puigdemont es que haya una terceras elecciones. ¿Y puede garantizar alguien que el resultado será muy diferente al actual? Y encima tiene a Esquerra Republicana a remolque con su líder en la cárcel. Puede mover a todo el independentismo desde Flandes. Es tan increíble como cierto.