Jorge Fernández Díaz. | Alejandro Garc

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La cúpula del PP-Balear está haciendo esfuerzos para levantar la moral de la tropa, que ha quedado boquiabierta con el escándalo del ministro Jorge Fernández Díaz, grabado in fraganti armando un contubernio para intentar empapelar a hermanos y cuñadas de dirigentes independentistas catalanes. «Casi siempre nos pasa una en el último momento», comentaban este jueves, entre la decepción y la sorna, militantes del partido en Mallorca.

Pero la cúpula balear no quieren ni desmoralizaciones ni desalientos. Han hecho correr la voz de que el escandalazo de Interior es un «doi», sin más trascendencia. Piensan que el siempre sufrido electorado popular al final dará la cara aunque vote con una mano tapando la nariz. Pero nada de depresiones: «Ni aquí ni en ningún lugar de España. Todos a sus puestos». Lógicamente, la procesión va por dentro, pero no quieren que la fiel infantería les vea desfondados. Regalan la mejor de sus sonrisas a cuentos se les acercan por la calle.

De hecho, el PP-Balear ya tiene experiencia de cintas grabadas. El año seis quedó registrada para la posteridad la frase de José María Rodríguez: «Hoy es lunes y estoy en mi despacho» poco antes de que la Guardia Civil se llevase al alcalde de Andratx. Eugenio Hidalgo, caminito de Santa Fe.

Las consignas y mensajes de la cúpula son claros: el PP resiste y va al alza. Dan por sedimentados tres diputados en el Archipiélago y piensan mantener su segundo senador por Mallorca. No ven que Podemos «tenga tanta fuerza como algunos pregonan. Al final será menos de lo que se dice». Si bien reconocen que el PSIB-PSOE está remontando.

De puertas para adentro, el asunto Fernández Díaz les ha caído como una pedrada. No comprenden «cómo se cometen estos fallos y cómo te pueden colar estas cintas a un medio de comunicación a pocos días de las elecciones. Es demencial». Intuyen que un mazazo de este calibre sólo puede ser consecuencia de luchas fratricidas internas dentro del partido en Madrid. Expertos en esta lides, se las huelen. Ven que los odios se han salido de madre a orillas del Manzanares.

En Palma aún no se atreven a hablar de «torpezas insoportables», pero lo seguro que en Mallorca ya está casi todo preparado para el caso de que Rajoy no pueda ser investido presidente. Los regionalistas piensan tomar el control del partido de todas todas, sin remilgos ni complejos, porque «aquí y en toda España estamos abocados a una renovación interna de grandes proporciones o podemos entrar en una dinámica enloquecida y autodestructiva».

Y además, ya no se fían de nadie. Después del cacao Fernández Díaz han visto que en Madrid la situación está «incluso mucho peor que aquí». No se fían ni de su sombra.