La imagen de un tiburón presidió la convención en la que Vidal impulsó un nuevo rumbo. | Pilar Pellicer

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La convención del PP celebrada el sábado en el Palma Aquarium se centró en las ponencias presentadas por destacados miembros del partido después de haber mantenido reuniones de base con la mayoría de las juntas locales. Las peticiones serán trasladadas al congreso del año que viene para ser definitivamente aprobadas.

En su discurso, Miquel Vidal apeló al sentimiento, «al corazón», al amor al partido, atacó la corrupción de las «manzanas podridas» recuperando al pie de la letra el estilo de Gabriel Cañellas de hace veinte años, con parábolas simples pero en su tiempo muy efectivas.

Porsell y Aguiló reclamaron en nombre de las bases la revisión del código ético de Bauzá, y «que se haga un homenaje a los que fueron apartados por estar imputados en casos de corrupción y luego son exculpados». También pidieron «mayor participación de las bases» y «poner en marcha listas abiertas».

A su vez se pidió la dignificación del partido apartando a los corruptos y dando voz a las bases. Otra crítica que se escuchó fue que el Govern (de Bauzá) se había distanciado del partido y su política comunicativa no había conseguido romper la barrera entre lo que se hacía y lo que se transmitía a la sociedad.

En su discurso, Miquel Vidal habló de recuperar «la unidad» de la formación, «escuchando a todos» y dejando claro que «no podemos decir mentiras». Insistió en apelaciones al «sentimiento» ya que «sin ideas ni convicciones no hay partido». El presidente se marcó como objetivo «recuperar a las 80.000 personas que la última vez no nos votaron». Vidal puso como ejemplo de militante a Pep Ignasi Aguiló «que se casó ayer y hoy ha venido a estar con nosotros posponiendo su viaje de luna de miel. Ha trabajado muchísimo».