Monumento al 'Baleares'. | T. Ayuga

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Sa Faixina es parte de la memoria histórica de Palma. Fue creada como explanada en 1715 por el marqués de Rubí cuando se esperaba el inminente ataque a Palma por parte de las fuerzas borbónicas al final de la guerra de Sucesión. Rubí hizo derruir casas para facilitar la defensa e impedir que la artillería enemiga pudiese acercarse a las murallas desde el arrabal de Santa Catalina. Y allí quedó el descampado tras la caída de Palma y los siglos posteriores.

La zona fue elegida en los años 40 del siglo pasado por los franquistas para erigir el homenaje a los centenares de muertos del hundimiento del crucero Baleares en marzo de 1938 por la flota republicana. La izquierda ha sido partidaria de su desaparición, pero, recobrada la democracia, la estructura del monumento invitaba e invita a su transformación en un monumento dedicado a la guerra civil sin distinción de bandos. Hubiera bastado con sustituir la inscripción de exaltación a la marina franquista, hecho que llevó a cabo la alcaldesa Calvo, y sustituirlo por dos años: 1936-1939. Esos ocho números lo explican todo y hubieran dado un nuevo sentido al monumento: el de la reconciliación y el recuerdo.

Lejos de eso, la alcaldesa Calvo optó por colocar una inscripción descontextualizadora y pacifista, de redacción cursi, superficial y baratera. Ha durado poco. Ahora quieren retirar el monumento entero. Se ha perdido una oportunidad. En realidad este monumento es una copia casi exacta del que se inauguró en 1938 en Gettysburg (Pensilvania) en el 75 aniversario de la batalla que decidió la guerra civil norteamericana. En Estados Unidos es un monumento dedicado a los dos bandos. En 1938 el presidente Roosevelt ya veía que se acercaba la guerra en Europa y necesitaba una nación unida para afrontar aquel reto de dimensiones mundiales. De ahí su fuerza.

Aquel monumento de Gettysburg sirvió para cerrar viejas heridas. Años más tarde, las divisiones norteamericanas que se lanzaron en Normandía y derrotaron al nazismo llevaban símbolos de los dos bandos de la guerra civil. Un pueblo reconciliado expandió su sentido democrático de la civilización.

Ahora Cort opta por la tabla rasa. Pero si lo mantuviese quitando los textos cursis en su base y colocase el impresionante 1936-1939 en su pared central, haría mucho más por preservar la memoria histórica que procediendo a su desmontaje y destrucción. Derribar es fácil. Levantar, muy complejo. Una vez hundido el monumento del Baleares, ¿qué otra construcción evocará la contienda civil y el homenaje a todos los que lucharon? Es más: Sa Faixina es suficientemente grande para albergar otro monumento: el dedicado a los defensores de Palma en 1715.

La memoria de los pueblos se levanta desde la generosidad y la devoción a los que lo dieron todo para que esta sociedad pudiera seguir viva. Eso vale para 1936 y para 1715. El derribo es el arma del olvido y, con el tiempo, es la castrante soga de la ignorancia.