Cristóbal Pizá, esta mañana en el banquillo de los acusados. | Pere Bota

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La primera sesión del juicio por un presunto delito de apropiación indebida que atribuye el doctor Pau Ramis a su colega Cristóbal Pizá, ambos expropietarios de la Policlínica Miramar, arrancó ayer con versiones absolutamente contrapuestas, ya que mientras Pizá negó haberse apoderado de dinero del centro asistencial, Ramis insistió en su acusación y, además, le reprochó que cargara las culpas «a un muerto», en alusión al tercer socio propietario, Miquel Dalmau, ya fallecido.

Ramis, defendido por el abogado Fernando Mateas, explicó a los magistrados de la Sección Segunda de la Audiencia de Palma que fue el exgerente de la Policlínica Jaume Capó el que le «avisó» de que Dalmau Y Pizá se estaban «llevando dinero». «Ten cuidado con la contabilidad», le dijo Capó a Ramis poco después de ser despedido, «contra mi opinión», precisó el querellante.

El momento de mayor tensión vivido en la Sala fue cuando Ramis dijo que Pizá se había comportado «como un cerdo» por «haberle echado la culpa a un muerto». «Intentaron destruirme como persona diciendo que yo estaba robando a la Policlínica. Incluso llegaron a afirmar que yo era cocainómano lo que explicaba mi alta capacidad de trabajo», señaló.

Pizá, por su parte, defendido por el letrado Gabriel Garcías, insistió en que él no tenía capacidad de gestión en la Policlínica. «Me limitaba a trabajar como médico, no tomé ni una sola decisión de índole económica, salvo firmar una nóminas», precisó.