Campaña de AI contra la pena de muerte, ayer en la Plaça Major. | P. Pellicer

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«Tres cuartas partes del mundo han abolido la pena de muerte, sin embargo el número de ejecuciones crece de forma alarmante. Es el caso de China y Arabia Saudita», denunció ayer Pere Manel Mulet, portavoz de Amnistía Internacional en Mallorca.

Durante toda la mañana, representantes de la organización difundieron el caso del español Pablo Ibar, condenado a muerte en el Estado de Florida, y de Siti Zainab Binti condenada a la pena capital en Arabia Saudita.

Para dar a conocer los países con pena de muerte, los responsables de la ONG simularon la «suerte» de vivir o morir a través de un bingo imaginario que, en lugar de números, tenía países.

China, Irán, Arabia Saudita, Irak, EEUU, Japón, Gambia, Bielorrusia, Yemen, Corea del Norte, Somalia, Sudán, Vietnam, Sudán del Sur, Taiwán, Autoridad Palestina, Afganistán, Bangladesh, Siria y Emiratos Árabes Unidos, son los 20 países que enseñan la peor cara de la muerte. Torturas, ejecución de menores de edad, muerte por ahorcamiento, por fusilamiento, decapitación, lapidación y la inyección letal, son algunas de las formas de acabar con la vida en el siglo XXI «reconocidas» por los países que defienden la pena máxima.

Criminólogos

Como alegaron los criminólogos estadounidenses Norval Morris y Gordon Hawkins: «La pena capital no puede ni prevenir el crimen ni reformar a los criminales. Es un castigo completamente negativo. Solo puede satisfacer el deseo de venganza de la familia de la víctima y del público. De ninguna manera puede fomentar la justicia social ni el sentimiento de humanidad».

En España las últimas ejecuciones tuvieron lugar en 1975. Dos militantes de ETA y tres del FRAP fueron fusilados. El año anterior fueron ejecutados a garrote Salvador Puig Antich en Barcelona y Heinz Chez en Tarragona.
La Constitución de 1978 abolió la pena de muerte.