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El mar balear se encuentra entre las áreas de mayor interés medioambiental en el Mediterráneo. Las especiales condiciones oceanográficas, geológicas y ecológicas de este mar han hecho que destaque por encima de otros, al igual que el mar de Alborán, el Egeo o el Tirreno y las aguas frente al Cap de Creus. Éstas han sido reconocidas por los mejores expertos como áreas ecológicamente significativas, cuya conservación es importante para el Mediterráneo y las comunidades, humanas y no humanas, que éste sustenta.

Durante varios años Oceana ha investigado los fondos de las Illes Balears y ha presentado propuestas concretas para hacer de esta autonomía un ejemplo ante la comunidad internacional de buen hacer, tanto en lo referente al medio marino como a las personas que de éste dependen. Entre otras áreas estudiadas, destaca la riqueza de las aguas y los fondos que hemos podido documentar en torno a los límites del Parc Nacional de Cabrera, y que quedaron sin proteccion en su momento. En cuanto a los hábitats hay que resaltar la presencia de especies típicas mediterráneas cuya relevancia en esta región e impresionante estado de salud nos obligan a su conservación, como es el caso de los bosques de laminarias o los jardines de gorgonias rojas. Campos de esponjas de profundidad, formaciones de coralígeno, o el profundo escarpe a varias millas al sur de la isla se dan cita aquí, entre otros muchos hábitats representativos y altamente productivos, cuya gestión no puede más que traer consigo beneficios tanto ecológicos como económicos, pues ambos van, demostradamente, de la mano.

El próximo 10 de junio, el patronato de Cabrera se reunirá para debatir la ampliación del parque, que tantos años lleva dando tumbos sin llegar a cuajar. Las razones que motivaron la protección de este enclave, con la más alta figura de protección para la biodiversidad española, son las mismas que hoy llevan a Oceana a proponer su ampliación a zonas aledañas, incluyendo áreas de gran profundidad.

Como ocurrió hace veinticinco años en el momento de la declaración de Cabrera como Parque Nacional con sus limites actuales, este tipo de propuestas de conservación siguen suscitando interrogantes y preocupaciones entre aquellos que hacen uso de las áreas para las que se pide protección. También, por supuesto, entre aquellos que deberán acatar su gestión. En el caso concreto de Cabrera, nos encontramos con sectores que se verían afectados. Entre ellos, la administración del parque, el sector pesquero y el transporte marítimo.

Respecto al primero, se puede plantear la escasez de recursos para vigilar el área dada su amplitud y la lejanía de costa. Echando un vistazo a multitud de leyes y convenios internacionales, comprobamos que no sólo es obligatorio incluir más sistemas marinos en la red de parques nacionales española, sino que debemos también llevar su protección a aguas más profundas y alejadas de la costa, hasta cubrir, al menos, un 10% de la superficie marina. Poner remedio a estas cuestiones técnicas es ineludible y ya posible, con la aplicación de las llamadas "cajas verdes" instaladas en buques andaluces, que posibilitan esta tarea.

En cuanto al segundo, si nos referimos a ellos como afectados no es en absoluto en modo negativo, sino más bien positivo. Las áreas marinas protegidas son actualmente la herramienta más eficaz, si son adecuadamente gestionadas, para recuperar los recursos marinos sobreexplotados. Por tanto, este sector no debe ver la creciente protección de áreas marinas como una amenaza para su actividad, sino como el beneficio que supone que se cuiden los recurso y los hábitats para continuar disponiendo de ellos, dentro y fuera de las áreas delimitadas. Será necesario estudiar en detalle todas y cada una de las modalidades de pesca empleadas en la zona a proteger y considerar la mejores posibilidades de gestión sostenible y beneficiosa para hábitats y usuarios. Sobre la conflictiva modalidad de pesca de arrastre, cabe decir que los parques nacionales no la permiten, al igual que no se permite el paso de una apisonadora por un bosque protegido. Las embarcaciones afectadas deben también formar parte de este proceso de debate, y habrá que buscar para ellas las mejores alternativas posibles, teniendo en cuenta que absolutamente todas las pesquerías se benefician de la protección de los ecosistemas. Vale la pena recordar que todos los sectores que hace un cuarto de siglo mostraron sus reticencias a la conservación de Cabrera se muestran ahora satisfechos y orgullosos de los resultados. Lo mismo ocurrira, estamos seguros, con su ampliación.

Cada vez es más común que la propia sociedad, incluidos los pescadores y los empresarios turísticos, reclame la creación de estas zonas protegidas como auténticos viveros para la vida marina. La reunión del patronato, el próximo viernes 10 de junio, representa una oportunidad para que todos aquellos que tienen poder de decisión sobre el futuro de estos ecosistemas y recursos acuerden dar un impulso definitivo a los trabajos para aumentar el valor de esta joya del Mediterráneo.