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Carmen Martínez Sevilla lleva 40 años trabajando en el Hospital Joan March, es toda una una institución en el centro hospitalario y también la trabajadora de mayor antigüedad. El 27 de diciembre cumple 65 años y se jubilará aunque reconoce que se encuentra muy bien y que no le hubiera importado continuar en su trabajo

-Cuarenta años trabajando en el mismo hospital, todo un récord. ¿Está satisfecha con su vida laboral?
-Siempre me ha gustado mucho mi trabajo. Pero últimamente algunas compañeras me están haciendo la vida imposible, algo que creo que no me merezco. Desde 1970 me encargo de subir los carros de comida a planta para los enfermos, desayuno y comida, cada día, y en este último mes todo son cambios y la verdad es que también me siento poco apoyada por los jefes.

-¿Cuál es el problema?
-Padezco un proceso patológico a nivel de espalda de naturaleza degenerativa y evolución crónica. Por este motivo he solicitado una evaluación y adecuación de las tareas en mi puesto de trabajo y esto parece haber generado una hostilidad por parte de tres compañeras mías contra mi.

-¿Y no ha intentando encontrar una solución?
-Claro. Yo estoy afiliada a la UGT y he pedido la ayuda del sindicato. Que, de hecho, ha intentado mediar y conseguir que la empresa acepte un cambio transitorio de puesto de trabajo, ya que me jubilaré en diciembre, para que pueda salir de este entorno hostil en el que me encuentro y que me produce bastante estrés y muy malestar.

-¿Y qué ha hecho la dirección del hospital?
-Me han buscado un puesto transitorio pero, tras recibir amenazas de otro sindicato la dirección parece haber dado marcha atrás. Bueno no hay nada claro, unos días hago el mismo trabajo de siempre y otros me dicen que pertenezco a cocina, cuando yo nunca he pertenecido a ese departamento.

-¿Y qué piensa hacer?
-Yo pienso continuar trabajando hasta que me jubile. La verdad es que, a parte de los problemas de espalda, yo tengo ganas de continuar haciendo mi labor en el hospital, un centro que hoy es muy moderno, pero cuando yo llegué el hospital se caía de viejo.

-¿Ha cambiado mucho el Hospital Joan March en estos cuarenta años?
-Muchísimo, ya le digo que cuando yo empecé a trabajar el hospital se caía de viejo. Hoy es un hospital moderno, hay baños en cada habitación. Cuando yo llegué sólo había un baño por planta y el edificio estaba en muy mal estado. Se han hecho muchas modificaciones y reformas, y ahora está mucho mejor.
-¿Siempre ha trabajado repartiendo comida a los enfermos del Joan March?
-No, cuando empecé a trabajar en el hospital trabajaba en los lavaderos, luego fui en cargada del comedor y desde 1970 me he encargado de subir los carros de comida a planta para los enfermos. Estar en contacto con los enfermos ingresados en el hospital es algo que me gusta mucho. La verdad es que yo siempre he considerado que el Hospital Joan March es como una gran familia para mi y por eso me molesta mucho lo que está pasando.