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Tres años antes soldados de las fuerzas soviéticas habían destapado el mayor horror del que había sido capaz hasta entonces la humanidad. Era enero de 1945 y tras las alambradas de Auschwitz (en mayo los americanos liberaban Mauthausen) se abrieron las puertas al descubrimiento macabro de las vejaciones, atrocidades e injusticias de que había sido víctima el pueblo judío europeo. Los hechos superaban con creces cualquier fantasía criminal imaginada hasta entonces. La reacción del mundo fue, lógicamente, aplastante y en mayo de 1948 "se cumplen ahora sesenta años" nacía oficialmente el Estado de Israel en una reunión en Tel Aviv en la que Ben Gurión sentaba las bases de la nueva nación, una especie de «milagro» democrático en medio de un marasmo de naciones islámicas ancladas en la edad media.

No ha sido fácil el recorrido. Seis guerras en sesenta años y una sensación permanente de peligro de ser devorado por los violentos vecinos árabes. Y desde luego el futuro inmediato no se presenta mucho más optimista. Irán continúa su programa nuclear y parece ser que Siria pretende seguir esos mismos alarmantes pasos. En el otro lado de la balanza, se han firmado acuerdos de paz con Egipto y Jordania, mientras se intentan establecer diálogos que conduzcan a un proceso pacificador con los palestinos, que conmemoran al mismo tiempo la «catástrofe» de su pueblo.

Fuertemente armado, Israel ha conseguido sobrevivir a base de utilizar la fuerza sin miramientos "abusando en demasiadas ocasiones de su superioridad militar" en un entorno hostil y proporcionalmente mucho más grande. A pesar de esta fuerza a veces brutal y gracias al apoyo de Occidente se ha convertido en un país democrático, moderno, próspero y que destaca en ámbitos como la ciencia y la cultura.