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epresentando a todos los dimonis de Mallorca, los «diablos» de la agrupación Albopás de sa Pobla están dispuestos a tentar a la ciudad de Nueva York valiéndose de su actuación en el New York World Festival, que tendrá lugar mañana en el Summersatge del Central Park, que organiza el World Music Institute.

Si a alguien se puede responsabilizar, de algún modo, de haber motivado la invitación a este festival neoyorkino de música tradicional del mundo, en esta ocasión dedicado a la música del Mediterráneo, es a Antoni Torrens que dedicó varios años y muchos esfuerzos a recopilar las canciones dedicadas a Sant Antoni en el Mediterráneo. La obra resultante, presentada en dos discos CD, llamó la atención de los responsables del festival desplazados al festival de música popular de Sevilla. Antoni Planas, coordinador del Institut d'Estudis Baleàrics (IEB), fue el enlace necesario para llevar la tradición mallorquina a la gran urbe norteamericana, y actuar con otras agrupaciones de Grecia y Marruecos bajo el título común de Music Around the Mediterranean.

Para algunos de los participantes mallorquines, esta actuación en Nueva York es como una fantasía, tanta como el nombre de su agrupación, Albopás, nombre de un país imaginario nacido de la censura franquista, inventado por el escritor Alexandre Ballester para así desbloquear cuatro obras teatrales que había escrito en la década de los 60 y que los censores no aceptaban. Siguió el ejemplo de Salvador Espriu y se inventó el nombre, invirtiendo el sentido del de sa Pobla. «En un país imaginario todo el mundo puede ser tonto», considera Ballester, que finalmente pudo estrenar. Torrens pidió permiso al autor y desde entonces (1997) el nombre de Albopás es muy real y viajero. Para poder emprender el viaje ha sido necesaria la colaboración de la Conselleria de Turisme, que ha aportado la cantidad de 50.000 euros, dado que las arcas del IEB, que ahora preside Sebastià Serra, también presente en el festival, como el conseller Buils y el alcalde de sa Pobla, estaban completamente vacías.

Pep Roig