TW
0

Decenas de puestos se instalan a primera hora de la madrugada de los sábados, poco antes de que se despierte la ciudad. La avinguda Gabriel Alomar i Villalonga y los callejones de sus alrededores acogen el tradicional baratillo que, tras varias ubicaciones a lo largo de su historia, se volvió a instalar definitiva en la vía central de Ciutat. Cada vez son menos los que siguen con el negocio familiar tras haber pasado de generación en generación, hasta cinco hemos llegado a contar y que, pese a cambiar de género, se han dedicado a la venta ambulante en diferentes mercados y rastrillos de la Isla. Se enfrentan a todo tipo de climatología y temporadas de bajones económicos, pero su «libertad» como muchos destacan es lo que les mantiene con ilusión de volver una semana tras otra al rastrillo.

Julián Aguirre