Yosef, argelino con un negocio de restauración en la zona de Pere Garau.

TW
0

Marroquíes y argelinos conviven en paz en la zona de Pere Garau, de Palma, al igual de como también lo hacen en otras localidades de la Isla. Y es que entre ambos pueblos, pese a las diferencias puntuales que puedan tener sus políticos, o mejor, la cúpula de sus gobernantes, hay buen rollo y mejor sintonía, puesto que el Islam no diferencia razas, en todo caso lo hace quienes trazan las fronteras. «A veces nos reunimos para discutir sobre el Polisario -dice Belmedda Noreddine- y nos decimos de todo, pero terminada la reunión nos vamos a tomar un té juntos. También convivimos en la mezquita, en la calle, en las tiendas y en la barbería. No hay problemas entre nosotros».
Con Belmeddah, argelino, presidente de la Federación Europea de Asociaciones Argelinas y también de la Comunidad Argelina de Balears, y Abderrahim Ovadrassi, presidente de Trobada Mallorquina per Convivència i Ciutadania, nos reunimos a tomer un té en equebab que el argelino Yosef posee en Pere Garau, para luego hacer un recorrido por las calles de esta especie de Magreb palmesano, a lo largo del cual conocemos a los peluqueros Mohamed y Samir (corte de pelo a 6 euros), entre cuyos clientes hay muchos mallorquines, al carnicero Otsname, argelino de Oran, que nos muestra la rica carne hala, de animal -nunca cerdo- sacrificado mirando a la Meca, con un cuchillo muy afilado que le mata de inmediato para que no sufra. Carne, además, sin sangre. Nos presentan también al dueño del supermercado y carnicería, el marroquí bereber Hassan, quien nos dice que los mallorquines «vienen a comprarme couscus, aceitunas y especies» y al propietario de otro kebab, Laid Benyacoub. Todos están encantados de vivir en Palma y convivir con los palmesamos. ¿Que por qué se instalaron en Pere Garau? «Entre otras razones -señala Abderrahim-, porque ésta era una zona en la que las casas no eran caras».
Marroquíes y argelinos llegaron a Mallorca por diversos motivos. Los primeros, buscando trabajo, a ser posible en el campo; los segundos, huyendo del terrorismo y de la inseguridad que se instaló en su país a principio de los 90. Y ambos, además de lo dicho, para mejorar su nivel de vida. Los primeros se dedican al campo, construcción y restauración, los segundos a la construcción, hostelería y comercio. ¿Que cómo son recibidos por los mallorquines? Hay opiniones para todos los gustos, pero no del todo bien, según ellos. Aunque de esto hablaremos otro día.

Pedro Prieto / Foto: Click