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Que es guapa nadie lo pone en duda. Que tiene dinero, tampoco. Y que es culta, menos: habla no sé cuántos idiomas y sus conocimientos, tanto culturales como financieros están a un más que respetable nivel. Y encima, es lista. Sobre todo con la prensa. Jamás la rehúye. Todo lo contrario. La mira a la cara, a los ojos, y sin perder la sonrisa, siempre contesta a lo que se le pregunta por envenenado que sea. Además de todo eso, lo cual no es poco, se deja pillar, incluso pillar el primer día, con lo cual se queda tranquila el resto de sus vacaciones. Ayer por ejemplo, desayunaba en el Club de Mar no muy alejada de donde nos encontrábamos cuatro colegas y ninguno la molestó. Normal. Estaba ya todo hecho en la víspera. Y encima ella había sido muy amable, tanto que nos invitó a subir a su barco, que cómo no la íbamos a dejar tranquila.

La misma táctica suele emplear Concha Velasco. Llega a Formentor, se deja el primer día y el resto los pasa felizmente sin fotógrafos que la molesten. Lo de convocar a la prensa un día también lo solía hacer la ex vedette Norma Duval, pero desde que se ha casado con el productor Fraile no quiere saber nada de nosotros. Sin embargo no le desagrada salir en ciertas revistas. Por ello, este año, que ha tratado de darnos esquinazo, se ha llevado un robado repleto de celulitis, que nada tiene que ver con los anteriores.

Desde que está en la isla, Rosario Nadal me está haciendo ir doce veces a Porreres, más otras seis a la playita que se suelen bañar, cinco de ellas andando, bajo un sol que mata a las lagartijas. Basta ver lo moreno que me he puesto este verano. Moreno Nada. Y es que, siguiendo su costumbre, Rosario no da facilidades a la prensa, ni siquiera a la de aquí. Pero ella sabe que nos encontraremos, no digo en el camino, sino a lo mejor en el barco de Valentino o en la galería de arte. Quién sabe. Lo suyo con la prensa es cuestión de paciencia.