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Psicólogos educativos consultados por este periódico coinciden en señalar que la vuelta al colegio tras las vacaciones «causa en los niños un estrés muy parecido al de los adultos con la vuelta al trabajo, pero los más pequeños lo sufren con especial intensidad porque no entienden muy bien todavía las ideas de obligación y trabajo, sobre todo tras el relax y las diversiones del verano».

La consecuencia de todo ello es una actitud de negatividad ante el regreso al colegio que puede ser corregida con la motivación que se ejerza desde la familia. José Francisco Jover, especialista en psicología educativa, destaca que «esa motivación, a través de felicitaciones por el trabajo bien hecho, debe llegar de la familia y de los propios profesores. Entonces, el alumno se siente más confiado y seguro de sí mismo, y se enfrenta a los retos académicos con otra disposición y mayor ilusión. Si el niño no tiene un buen rendimiento escolar, el castigo o la reprimenda no van a funcionar a largo plazo, como tampoco funcionan los estímulos materiales. La familia debe controlar su trabajo y valorar continuamente, de manera positiva, todos los esfuerzos que el niño realice».

Jover señala que «el niño y el adolescente no tienen la capacidad de autocontrol de los adultos. Por ello es importante el control familiar sobre el estudio y el trabajo escolar, y ayudarles cuando sea necesario».

En caso de que el niño no haya obtenido unos buenos resultados en el curso anterior, Jover recomienda «hacer borrón y cuenta nueva. Hay que partir de cero y no recordar al niño las malas notas anteriores. Estudiar es una obligación, pero sólo con ayuda y comprensión, y sin miedos, el niño podrá asumir su tarea e ir avanzando».