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El 24 de agosto es San Bartolomé, tiempo en que los frutos de temporada como las sandías, los pimientos o los melones están en plena maduración. Y tiempo de celebración en lugares como Alcúdia, que desde siempre han estado muy pendientes y agradecidos de la tierra que les proveía. Por eso, al llegar esta fecha, el pueblo celebraba este punto de inflexión del verano. Y lo hacía con los mismos frutos que le daba el campo. Se vaciaba el contenido y en la corteza se dibujaban lunas, gatos, soles y «escales de figueral».

Con una vela en su interior, las frutas se convertían en una «llanterna» que iluminaba los balls de bot que se celebraban bajo las higueras. Se trata de una celebración ancestral que derivó en un desfile a través del laberinto de calles medievales de Alcúdia. Por un tiempo se había perdido esta tradición, pero un grupo de alcudienses formado por Pedro Adrover, Jaime Poma, Damià Terrassa y Vicente Ochoa, entre otros, la recuperaron hace ya varias décadas.

Desde entonces, los niños de hoy pueden disfrutar como los de antaño de sus «llanternes», que han dibujado con la ayuda de sus padres. Sigue habiendo lunas y «escales de figueral», pero el progreso ha añadido otras iconografías y también nuevas tecnologías, que contribuyen a hacer todavía más atractivo el ritual. Las canciones son las de antes, y los jóvenes las cantan con el entusiasmo que la fiesta merece.

Tolo Llabrés