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Esa especie de nirvana infantil de tres meses de duración que son las vacaciones escolares de verano puede acabar derivando en 90 días del más puro aburrimiento. Ya sea frente al televisor o con el mando de la PlayStation todo el día entre las manos, el estío puede llegar a hacerse demasiado largo para los más jóvenes. Ante la amenaza de que luchadores adictos a la patada voladora, puercoespines de color azul, o personajes aficionados a contar sus aventuras y desventuras en talk-shows, se conviertan en los únicos compañeros de los niños durante el verano; la opción de los campamentos se convierte en una alternativa sumamente atractiva.

Son muchos los que se distribuyen a lo largo y ancho de la Isla, siendo el de La Victòria en Alcúdia uno de los que cuenta con mayor tradición. Su privilegiada situación, en un bosque junto al mar, permite que se puedan realizar todo tipo de actividades. Piragüismo, tiro con arco, trekking o espeleología entre otros, conforman una oferta que dista mucho de la de hace unos años. «Los niños piden actividades de mayor originalidad. Se han vuelto más exigentes. Antes con el típico pilla-pilla ya los tenías entretenidos, ahora necesitas ofrecerles algo más para motivarlos», nos comentan Toni Hernández y Jaume Canals, dos de los monitores encargados del campamento organizado por el Ajuntament de Palma. Ellos son, junto con otros jóvenes, los encargados de los 40 niños que llegan cada semana. Son éstos últimos los auténticos protagonistas de todo lo que se hace durante los siete días.

Los pequeños lo tienen muy claro, lo único que no les gusta son los momentos de tiempo libre. Sin embargo, siempre hay excepciones como la de Daniel Oliver, de 11 años, que incluso disfruta con la hora del descanso. También está encantado con las típicas veladas y con todas las actividades que realizan a lo largo del día. Si por él fuese, se quedaría todo el verano. Por poner algún pero, nos dice que no estaría nada mal que las pesadas hormigas que le molestan por la noche «desapareciesen y en su lugar surgiese una fantástica tele».