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Visitantes e inquers esperaban mucho de la noche del Dimecres Bo y la verdad es que el ambiente de la noche previa a la fiesta grande de Inca, el Dijous Bo, no decepcionó a los miles de personas que se acercaron hasta la ciudad para cenar, pasear o tomar unas copas con los amigos. A diferencia del año pasado, cuando se tuvieron que suspender todos los actos al aire libre a causa del temporal de noviembre, el Dimecres Bo ya tomó fuerza a media tarde cuando gente de toda la comarca se acercó a conocer las novedades y las diversas exposiciones que se inauguraron durante la tarde del miércoles. Un año más, los cellers, restaurantes y terrazas de los bares se volvieron a llenar de gente.

La lluvia se tomó una tregua y a partir de las doce de la noche, puntuales a su cita, los dimonis de Alaró pudieron prender fuego a la ciudad durante más de media hora. Un espectacular correfoc recorrió las principales calles de la ciudad para finalizar en la Plaça de la Llibertat. Una docena de dimonis bailaron por las principales calles al ritmo de los tambores que animaron a los más jóvenes a danzar con ellos bajo una gran lluvia de espiras.